¿Cómo Puede el Dios Justo Justificar al Impío?


Justificar al impío es imposible y abominable. Ningún juez tiene la autoridad para hacerlo. La escritura dice: “El que justifica al impío, y el que condena al justo, Ambos son igualmente abominación a Jehová” (Proverbios 17.15).  Sin embargo Dios se proveyó maravillosamente a Sí mismo una manera de justificar al impío culpable. ¿Cómo? Por la muerte de su Hijo en la cruz.

 En la cruz, Dios hizo una transferencia en la cual la maldición del pecador que cree le es imputada a Jesucristo y la bendición e inocencia de su Hijo le es atribuida al pecador.  El costo de esta transferencia fue la vida infinita, santa y perfecta del Hijo de Dios; pero en el evangelio, Dios le ofrece gratuitamente al pecador el precioso regalo de la justicia de su Hijo.  Este regalo precioso y perfecto lo hemos recibido millones que en nosotros mismos no somos más que una masa de perversidad y un cúmulo de pecado cuya incorregible corrupción es una ofensa constante delante de Dios.  Dios justifica al pecador sin dejar de ser justo.  Él es el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Todo lo que pretenda ser evangelio sin esta verdad, y toda predicación que relegue a segundo plano esta doctrina es un evangelio anatema, un engaño, un legalismo hereje y  una religión humana que sólo conducirá a la desgracia y condenación eterna a los que se apoyan en ella.  La verdad de la justicia de Dios por el evangelio es la verdad más preciosa del universo, la única verdad que le da seguridad eterna al pecador.  Esta es la verdad que debemos proclamar, defender y asimilar los que nos decimos cristianos.  Esta es la verdad que mueve a los hijos de Dios a una vida de adoración viva, santa y agradable a Dios.  Esta es la verdad que mueve a los redimidos a renovar sus mentes y a ofrecerle a Dios una adoración que los ángeles inocentes no pueden ofrecer y que, maravillados, contemplan a los impíos justificados elevar gozosamente delante del trono del Dios que nos entregó a su Hijo por ellos.   


¿Qué Se Necesita Para Ser Cristiano? (video)



No hay poder, merito o ritual humanos que sean suficientes para hacer a alguien cristiano.   Se necesita un poder absolutamente divino que sólo se encuentra en la gracia que brota de la cruz de Cristo.  Efesios 2:4-5 nos dice cómo es que Dios convierte a un pecador en un hijo suyo: "Pero Dios que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo."  Esto es un acto divino.  El hombre no puede ser salvo por si mismo.  Si Dios no lo hace, no sucede.   
Para ser cristiano se necesita ser resucitado y adquirir una nueva vida espiritual que solo Dios puede dar. 


 Oprima aquí para ver y escuchar lo que se necesita para ser cristiano. 




Calvino Respecto a la Predestinación: No Seamos Excesivamente Curiosos ni Timidos


Este artículo es un extracto del libro "Doctrinas Claves" de Edwin Palmer.  Si quiere una exposición clara, bíblica y fácil de leer sobre las cinco doctrinas de la gracia (calvinismo) este pequeño libro se la dará.  Si lo lee con atención no se arrepentirá.  (Para leer el texto completo del libro oprima aquí). 

Calvino escribió que, al tratar de la predestinación, debería evitarse dos actitudes: curiosidad excesiva por lo que Dios ha revelado y timidez exagerada en enseñar lo que ha revelado.

En el primer caso, “La curiosidad humana hace que la discusión de la predestinación, ya de por si algo difícil, resulte muy confusa e incluso peligrosa. No hay prohibiciones que le impidan a los curiosos vagar por veredas prohibidas ni remontarse hacia las alturas.  Si se les permitiera, no dejaría ningún secreto de Dios sin averiguar o descifrar.  Como por todas partes hay tantos que utilizan esta audacia y atrevimiento, algunos de ellos hombres que por lo demás no son malos, se les debería recordar a su tiempo cuál es su deber a ese respecto.

“Primero, deben recordar que al estudiar la predestinación están penetrando en los recintos sagrados de la sabiduría divina.  Si alguien irrumpe con atrevimiento despreocupado en este lugar, no llegará a satisfacer su curiosidad y entrará en un laberinto del que no hallará salida.  El hombre no tiene derecho a averiguar sin restricción cosas que el Señor ha decidido que quedaran escondidos en Él; tampoco tiene derecho a investigar esta sublime sabiduría eterna que Dios quiere que reverenciemos aunque no la entendamos a fin de que, por medio de ello, nos llenemos de asombro.  Dios nos ha declarado en su palabra los secretos de su voluntad que quiere que sepamos; y esos son los secretos que nos conciernen y nos benefician.”

Para calvino, la palabra de Dios es la única norma en el estudio de la predestinación. “Si prevalece el principio de que la palabra de Dios es el único camino que nos puede guiar en la búsqueda de lo que debemos saber respecto a Él, y la única luz para iluminar nuestra visión de lo que deberíamos ver de Él, nos seremos preservados y frenados de toda temeridad. Porque sabremos que en cuanto excedemos los límites de la palabra, nuestro curso anda desviado en caminos oscuros donde erraremos, resbalaremos y tropezaremos repetidas veces. Tengamos, pues muy presente por encima de todo que buscar el  conocimiento de la predestinación más allá de lo que la palabra de Dios manifiesta no es menos insano que querer caminar por un desierto sin sendas o querer ver en la oscuridad.  Y no nos avergoncemos de ser algo ignorantes en este terreno, ya que existe una cierta ignorancia sabia. Antes bien, abstengámonos voluntariamente de indagar en una clase de conocimiento, cuyo deseo ardiente es tanto necio como peligroso más aun, incluso mortal. Pero si nos agita una curiosidad atrevida, haremos bien en contraponerle este pensamiento moderador: así como no es bueno comer demasiada miel, tampoco en el caso del curioso la investigación de la gloria no se transforma en gloria. Porque hay buena razón para que nos disuadamos de esta insolencia que nos puede conducir a la perdición.” 
* Calvino, III, xxi, 2.

La segunda actitud que deberíamos evitar, dice calvino, es la de la timidez extrema respecto a la predestinación.  Hay algunos que “casi exigen que se oculte toda mención de la predestinación; de hecho, nos enseñan que hay que evitar cualquier pregunta respecto a ello del mismo modo que evitaríamos un arrecife.” Esta actitud es equivocada. “Porque la escritura es la escuela del Espíritu santo, en la que al igual que no se omite nada que sea necesario y útil conocer, tampoco se enseña nada que no sea conveniente saber. Por consiguiente debemos cuidarnos de no privar a los creyentes de cualquier cosa revelada en la Escritura acerca de la predestinación, para no aparecer, o bien que los privemos maliciosamente de la bendición de Dios, o bien que acusamos al Espíritu Santo y nos mofamos de Él por haber publicado lo que nos es provechoso suprimir, afirmo que debemos permitir que el cristiano abra los ojos y oídos a toda manifestación que Dios dirija, siempre que lo haga con tal moderación que cuando el Señor cierra sus santos labios, también el cierre de inmediato el camino de las averiguaciones.”

Calvino concluye sus observaciones diciendo que desea que los que quieran ocultar la predestinación “admitan que no deberíamos investigar lo que Dios ha dejado en el secreto, que no deberíamos descuidar lo que ha puesto al descubierto, de modo que no se pueda acusar de excesiva curiosidad por un lado ni de la excesiva ingratitud por el otro…Así pues, todo el que acumula odio sobre la doctrina de la predestinación censura a Dios, como si Dios hubiera imprudentemente dejado que se filtrara en su palabra algo dañino para la iglesia.”

De este modo Calvino enseño el principio de la Scriptura tota  y Scriptura sola-- toda la Escritura y sólo la Escritura.  El hombre debe enseña todo lo que Dios ha revelado, incluyendo la predestinación. Pero no debe ir más allá de la Escritura, especulando en lo que Dios no ha revelado. No se puede adoptar una actitud más hermosa que ésta que calvino expresó.

El Agujero de la Ceguera Espiritual


“El País de los Ciegos” de H. G. Wells es la historia de un hombre que llegó por accidente a un valle donde por quince generaciones la gente había sido ciega.  El hombre, no pudiendo irse, trató de enseñar a la gente lo que era ver, pero lo declararon loco.     

Con el tiempo el hombre se enamoró de una joven del lugar.  Al saberlo, el padre lo llevó a un doctor quien para curar su obsesión con la vista recetó removerle los ojos.  “Así será sano y un buen ciudadano” dijo el doctor. “Gracias a Dios por la ciencia,” dijo el papá.

El hombre, por su amor a la mujer aceptó, pero el día de la operación, al contemplar el esplendor del sol y la mañana comprendió que la ciudad, su romance y todo lo demás “era un agujero del mal” y se escapó.

     La Biblia dice que espiritualmente tú vives en un mundo donde la gente “habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se envanecieron...y su necio corazón fue entenebrecido” (Rom. 1:21).  ¿Ves el engaño y la gravedad del pecado? 

     Si no lo ves, tu corazón está en tinieblas y tienes que abandonar ese valle oscuro creyendo en el eterno Hijo de Dios que te dice: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).   

    No rechaces esa luz porque la condenación es que “la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz” Juan 3:19.  

Joven, Tu Luces Muy Miserable: La Conversión de Spurgeon


A los quince años de edad, en Diciembre de 1849, Charles Haddon Spurgeon, comenzó a visitar las iglesias de su pueblo buscando donde le enseñaran el camino de salvación. No se sabe cuántas visitó, pero en ninguna escuchó lo que deseaba oír. Los ministros predicaban sermones doctrinales para gente espiritual, pero nadie pudo explicarle cómo obtener el perdón de sus pecados. 

Un día la mano de Dios lo guió por donde él no había pensado ir. Se dirigía hacia una iglesia lejana, pero en el camino una fuerte tormenta de nieve lo detuvo. Cruzó en una obscura calle y al fondo vio un pequeño santuario que resultó ser la Iglesia Primitiva Metodista de la Calle Artillery. Esta iglesia, desconocida, excepto por algunos en el pueblo de Colchester, llegó luego a ser mundialmente famosa por la visita de este jovencito.

Al principio Spurgeon no quería entrar porque había oído que los Metodistas Primitivos cantaban tan fuerte que hacía doler la cabeza. Pero esto no le importó pensando que allí quizás le enseñarían cómo ser salvo. El resto de la historia lo cuenta Spurgeon mismo:

El ministro no estaba esa mañana; creo que la nieve lo había detenido. En su lugar, un hombre delgado—zapatero, sastre, o algo así—subió al púlpito para predicar. Es bueno que los predicadores sean educados; sin embargo este hombre era más bien ignorante.

Se mantuvo apegado al texto que leyó por la simple razón de que no tenía nada más que decir. El texto era ‘Mirad a mí y sed salvos todos los términos de la tierra.’ Su pronunciación era pésima, pero a mí no me importó. Vi un rayo de esperanza en ese texto, y el predicador empezó así: “Queridos amigos, éste es un texto muy simple. Dice, ‘Mirad.’ Ahora, mirar no es algo que cueste mucho. No es levantar el pie o el dedo; es sólo mirar. Un hombre no necesita ir a la universidad para aprender a mirar. Tú puedes ser muy imbécil, y aun así puedes mirar. No necesitas ganar mil pesos al año para mirar. Cualquiera puede mirar. Aun un niño puede mirar. Pero el texto también dice, ‘Mirad a Mí.’ “¡Ay!” dijo él, en su tono campestre, “muchos de ustedes se miran a sí mismos, pero eso no les servirá de nada. Nunca hallarán consuelo allí. Algunos miran a Dios el Padre, ¡Pero no! tienen que mirar a Cristo. Él dijo, ‘Mirad a Mí.’ Algunos dicen, ‘Vamos a  esperar que el Espíritu nos toque.’ Pero eso no es lo que ustedes tienen que hacer. Miren a Cristo. Esto es lo que el texto dice: ‘¡Mirad a Mí!

Después el buen hombre siguió de esta manera, “Miren a Mí; miren como sudé grandes gotas de sangre. Miren como colgué sobre la cruz. Miren como subí al cielo. Mírenme ahora sentado a la mano derecha del Padre. ¡Oh pobre pecador, Mírame a Mí! ¡Mírame a Mí!’”

Al llegar a este punto, habiendo hablado como por diez minutos, el hombre iba a concluir. De repente, me miró, y con tan poca gente en el lugar, supo que yo era un  extraño. Fijando sus ojos en mí, como si supiese lo que había en mi corazón me dijo, “Joven, tú luces muy miserable.”

Verdaderamente, así era. Yo no estaba acostumbrado a oír hablar así desde el púlpito; sin embargo, fue un buen golpe, y dio justo en el blanco. Él continuó, “…y seguirás siendo miserable—miserable mientras vivas y miserable cuando mueras—si no obedeces a mi texto. Pero si lo obedeces, serás salvo ahora mismo.” Entonces, levantó sus manos y gritó, como sólo un metodista primitivo lo pudo haber hecho, “Joven, mira a Jesucristo. ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! No tienes que hacer nada sino mirarlo y vivir.”

En ese momento yo vi el camino de salvación y ya no supe que más habló porque fui poseído por un solo pensamiento. Como cuando la serpiente de bronce fue levantada en el desierto y la gente miraba y era sanada, así fue conmigo. Yo pensaba que debía hacer cincuenta cosas para ser salvo, pero cuando escuché esa palabra: ‘¡Mira!’ ¡Cuán dulce fue! ¡Oh! Entonces miré hasta que mis ojos casi se desgastaron. En ese momento se desvaneció la oscuridad, y vi el sol. Pude haberme levantado y cantar a gritos acerca de la preciosa sangre de Cristo y de la fe simple que lo mira sólo a Él.

Jamás olvidaré ese feliz día en que encontré al Salvador y me aferré a sus amados pies. Siendo un niño de quien nadie sabía nada, escuché la Palabra de Dios, y ese precioso texto me guió hacia la cruz de Cristo. El gozo de ese día fue absolutamente indescriptible. Quería saltar y danzar; pero no hubo ninguna expresión fanática, lo cual pudo haber estado fuera de tono con ese gozo espiritual.

Han pasado años desde entonces, pero nunca he sentido la emoción plena ni la delicia de ese primer día en que pude haber gritado como el más fanático de esos hermanos metodistas: ‘¡He sido perdonado! ¡He sido perdonado!’ Soy un monumento de su gracia, un pecador salvado por la sangre.’ Mi alma se sentía liberada, aceptada en Cristo, rescatada del pantano de un horrible abismo, y establecida sobre la roca. Entonces entendí lo que Juan Bunyan quiso decir cuando declaró que quería contarle hasta a los espantapájaros en los campos acerca de su conversión.”

Ese gran evento sucedió la mañana del 6 de enero de 1850.

Casiodoro de Reina, el Traductor de la Biblia al Español (1520-1594)


Estudio de la Biblia en el Monasterio de San Isidoro
En 1530, Casiodoro De Reina se unió al monasterio de San Isidoro en Sevilla, España en donde se seguían las reglas de Jerónimo, el gran traductor de la antigua versión Vulgata Latina, la versión más usada antes de la Reforma. En esos días, surgieron nuevas ideas en el monasterio, promovidas por el superior de la institución, quien guió a sus frailes hacia el estudio de la Biblia, y por algún tiempo buscó una espiritualidad más profunda. Sin embargo, repentinamente el superior cambió de actitud y regresó a las leyes monásticas y a las penitencias, aparentemente debido a que la Inquisición (el tribunal de la iglesia católica que perseguía y penalizaba los delitos contra su doctrina) comenzó a vigilar las actividades dentro del convento. Sin embargo, el cambio que ya había comenzado no se detuvo y los frailes continuaron son sus lecturas y discusiones bíblicas.

Escape de la Persecución y los Mártires de San Isidoro
En 1557, un hombre de Dios llamado Julián Hernández, (conocido como Julianillo, por su baja estatura), introdujo de contrabando a Sevilla, desde Ginebra, Suiza, varios libros protestantes que fueron leídos ávidamente por los frailes del monasterio.

Pero entonces, vino la catástrofe. Alguien denunció a la Inquisición las actividades de Julianillo y éste fue capturado en Córdova y traído a Sevilla, donde por más de tres años intentaron hacerle negar su fe protestante hasta que lo condenaron a ser quemado vivo. El día de su ejecución, Julianillo mostró su
menosprecio por la inquisición ayudando a amontonar la leña alrededor de sí. Junto a él, fueron quemados y estrangulados muchos otros. 

La persecución se desató, pero algunos pudieron escapar, entre ellos Casiodoro De Reina y Cipriano de Valera, (quien más tarde vino a ser el que revisó la traducción de Reina, de donde proviene la versión de la Biblia conocida como Reina-Valera).

La Traducción de la Biblia en medio de Asechanzas
Casiodoro se refugió en Ginebra, Suiza, junto a los que escaparon, pero más tarde emigró a Inglaterra en medio de muchos peligros a causa de la Inquisición española que le asechaba. En Inglaterra, Casiodoro vivió seguro por un tiempo y continuó la traducción del Antiguo Testamento, que había comenzado desde su partida de Sevilla. Sin embargo, debido a las asechanzas del gobierno español que quería traerlo ante la Inquisición, tuvo que huir a Amberes, Bélgica, donde sus amigos calvinistas le protegieron, aunque el Rey Felipe había puesto precio por su cabeza. De allí fue a Francia, de donde lo expulsaron; luego se dirigió a Frankfurt, Alemania, donde para sobrevivir se dedicó al comercio, sin nunca abandonar la traducción.

El Nuevo Testamento de Juan Perez de Pineda
Pérez de Pineda era otro traductor a quien Casiodoro se unió en su salida de Francia. Este había traducido al español el Nuevo Testamento y los Salmos, y ambos habían acordado que cuando Casiodoro terminara su traducción del Antiguo Testamento unirían sus respectivos trabajos para publicar la
Biblia completa al español.

Grandes Dificultades Para la Traducción
Después de casi doce años de trabajo en medio de persecuciones, Casiodoro terminó la traducción del Antiguo Testamento al español. Pérez de Pineda ya había muerto, pero había dejado su traducción y fondos para su publicación. Así que todo estaba listo. Pero entonces surgieron nuevas dificultades. Las autoridades de Basilea, Suiza, donde debía hacerse el trabajo, exigieron a Casiodoro cartas de recomendación que debían venir de Estrasburgo, Alemania. Como las cartas tardaban, Casiodoro fue en persona a buscarlas, pero en el camino enfermó y al recuperarse, cuando iba a continuar su viaje supo que el impresor que iba a hacer la publicación y a quien se le había pagado por adelantado, había muerto en bancarrota, de modo que los fondos se perdieron.

Por fin sus amigos en Frankfurt, conmovidos por su tenacidad y por la increíble serie de dificultades que había enfrentado, reunieron los fondos necesarios para la publicación Pero entonces surgió otro tropiezo. La edición del Nuevo Testamento que Pérez de Pineda había traducido y que iba a publicarse junto al Antiguo Testamento de Casiodoro, fue confiscada y destruida por órdenes de Felipe II, rey de España. Tales noticias fueron un duro golpe para Casiodoro, puesto que esto dejaba la obra incompleta.

Ya el Antiguo Testamento estaba en la imprenta cuando Reina se dispuso a traducir el Nuevo Testamento. Estaba terminando la Epístola a los Corintios cuando el impresor terminó de imprimir el Antiguo Testamento. Sólo le tomó seis semanas traducir el resto del Nuevo Testamento. Finalmente, en agosto de 1569, Casiodoro tuvo en sus manos la primera copia impresa de toda la Biblia en Español, la cual comenzó a ser distribuida de contrabando en España.

Casiodoro de Reina siguió su obra como pastor en Amberes, Bélgica, pero tuvo que salir de allí hacia Frankfurt por causa de las persecuciones. Finalmente, en mayo de 1594, fue llamado a su hogar permanente, el cielo, donde nunca más habría de ser perseguido, y desde donde ha podido ver como Dios usa su traducción.

Revelación Bíblica, Redención y Amor a Dios


Geerhardus Vos enseñó teología por 40 años en el Seminario Teológico de Princeton.  Durante ese tiempo desarrolló una forma de estudiar la revelación bíblica conocida como “teología bíblica.”  La “teología bíblica” de Vos no es lo que suele uno pensar cuando oye este termino; no es el uso de versículos bíblicos para apoyar doctrinas sistemáticas o formas de conducta o formas de adoración particulares.  Es el estudio de la revelación bíblica del Antiguo y el Nuevo Testamento de acuerdo a su progreso histórico.  La ‘teología bíblica’ de Vos se basa en el reconocimiento del carácter progresivo de la revelación que acompaña la obra redentora de Dios.  

La semilla (del A.T.) no es menos perfecta que el árbol (del N.T)

Vos comparaba esta progresión al crecimiento de un árbol.  El demostró que la revelación bíblica es orgánica, es decir, que ha sido viva desde sus etapas iniciales; comenzó como una semilla en el Antiguo Testamento y ha ido creciendo hasta ser un árbol completo en el Nuevo.  En sus propias palabras: “la semilla no es menos perfecta en su sentido cualitativo que el árbol.”   

Vos es uno de esos autores que demandan atención para leerlo y lamentablemente, hasta donde sé, su principal obra “Biblical Theology, Old and New Testaments” no ha sido traducido al español.  Pero aquel que pueda leer inglés, especialmente si es ministro, debería procurar conocerlo.   

Este es un libro que nos hace ver cuánta luz ha dado el Espíritu a su iglesia sobre el texto de la Escritura sin apelar al subjetivismo y la especulación mística que hoy tanto abundan.  Nos muestra que hay un océano de tesoros y maravillas en el texto de la escritura y nos mueve a glorificar a Aquel que ilumina el entendimiento para que a través de  la revelación escrita conozcamos la gloria de la persona de Dios y de sus obras.   Les ofrezco dos pasajes para disfrutar y edificarnos con la riqueza bíblica del pensamiento de este siervo de Dios, Geerhardus Vos. 

El primer pasaje habla de la relación entre la revelación bíblica y la redención a través de la historia.  Explica por qué la revelación escrita se detuvo (con el cierre del canon) a pesar de que la redención continuó.  La explicación sobre la diferencia entre lo que Vos llama redención objetiva-central y redención subjetiva-individual es magnifica y edificante:

La revelación bíblica no se completó en un solo acto exhaustivo sino se fue desenvolviendo en una larga serie de actos sucesivos.  Teóricamente esa revelación podría haber sido instantánea, pero en la realidad no, porque va inseparablemente acompañada de otra actividad divina que conocemos como redención.  Y la redención no puede ser sino históricamente sucesiva pues Dios la realiza generación tras generación en el curso de la historia.   

La revelación bíblica es la interpretación de la redención; por lo tanto debe desenvolverse en etapas al igual que la redención.  Y es obvio que estos dos procesos no son enteramente co-extensivos, porque la revelación se cerró en un punto en el cual la redención aun continúa.  Para entender esto debemos hacer una importante distinción en la esfera de la redención. 

La redención es en parte objetiva-central, y en parte subjetiva-individual.  La redención objetiva-central se refiere a los actos redentores de Dios a favor de los hombres pero sin su participación.  La redención subjetiva-individual se refiere a los actos redentores de Dios en los que los hombres son participantes.  Decimos que los actos objetivos de Dios son centrales porque suceden en el centro del circulo de la redención, están conectados entre si y no necesitan repetición o no se pueden repetir.  Estos actos de la redención objetiva-central son la encarnación, la muerte de Cristo en la cruz y la resurrección.  Los actos en la esfera subjetiva-individual son llamados así porque se repiten en cada individuo separadamente.  Estos actos de la redención subjetiva-individual son la regeneración, la justificación, la conversión, la santificación y la glorificación. 

La revelación bíblica acompaña a los procesos de la redención objetiva-central, y esto explica porque la redención se extiende más allá de la revelación. 
  
Este segundo pasaje nos explica que la revelación bíblica no es para conocer sino para amar a Dios por medio del conocimiento:

La revelación que Dios nos da de si mismo en la Escritura no fue es primariamente con un propósito intelectual.  No hay que negar, sin embargo, que una mente piadosa podría glorificar a Dios a través de de la contemplación intelectual de las perfecciones divinas.  Esto seria tan espiritual como la más intensa actividad voluntaria en el servicio de Dios; pero no seria la piedad en la extensión total que la revelación se propone.  

Ciertamente el evangelio nos enseña que conocer a Dios es vida eterna.  Pero este concepto de ‘conocimiento’ no debe ser entendido en su sentido helenista (griego), sino en su sentido semita (Israelita).  De acuerdo a los griegos, ‘conocer’ es reflejar la realidad de las cosas en nuestra conciencia.  La idea semita y bíblica es que la realidad de las cosas está entretejida en nuestra experiencia interna de la vida.   Por eso, bíblicamente hablando, ‘conocer’ puede ser una manera de decir ‘amar’ o ‘escoger en amor’.  Dios desea ser conocido de esta manera, por eso El ha hecho que su revelación tome lugar en el medio de la historia y la vida de un pueblo.  La revelación bíblica no es un proceso o un sistema de enseñanza sino un ‘pacto’.  Hablar de la revelación bíblica como una forma de informar a la humanidad es una manera totalmente racionalista y anti-bíblica de hablar.  Todo lo que Dios ha mostrado de si mismo en la Escritura ha venido en respuesta a las necesidades espirituales y prácticas de su pueblo a medida que este avanza en la historia.         

Iglesias Llenas de Inconversos

VIDA POR SU MUERTE
Según los reportes y las apariencias, el número de cristianos se ha multiplicado en nuestros días. Las iglesias crecen a ritmo acelerado, las emisoras de radio y televisión cristianas prosperan.  La música y los artistas cristianos son más populares que nunca.  

Pero hay una contradicción. La cultura cristiana es cada vez más visible pero la doctrina bíblica de la regeneración es casi ignorada en los púlpitos y extraña al entendimiento y a la experiencia de un inmenso número de cristianos. No se ven muchas vidas transformadas de gente que busque el conocimiento del Dios bíblico de santidad y gracia y se someta a la autoridad de la Escritura.   Lo que si se ve por todas partes es gente que “aceptó a Cristo” vistiendo su playera cristiana, exhibiendo un gran entusiasmo por la música de alabanza y adoración y llenando las iglesias donde se usan todas las estrategias y medios posibles para satisfacer sus deseos y necesidades.

Este panorama ilustra claramente la gran diferencia entre  “aceptar a Cristo” y ser regenerado.  La frase “aceptar a Cristo" expresa de una manera ambigua una idea bíblica, es decir, que el pecador debe creer en Jesús para ser salvo.   En ese sentido no representaría problema alguno sino fuese por lo que esa frase ha llegado a significar y la forma en que se usa entre los evangélicos.  Y es más problema aun lo que esa frase no explica ni puede explicar con respecto a la regeneración. Y esto es evidente por el inmenso numero de gente que “acepta a Cristo” pero nunca llegan a entender ni a experimentar la regeneración bíblica.

Mientras una persona sea ajena a la experiencia de ser regenerada, no importa que haya aceptado a Cristo cien veces, esa persona no es convertida. Mientras los ministros no prediquen la doctrina de la regeneración y la apliquen a la vida de sus iglesias, éstas no podrán ser espirituales aunque sean exitosas y numerosas. Una persona que no experimenta la regeneración, no es cristiana, a menos que la palabra cristiana se use en sentido superficial, social y puramente religioso.

La deficiencia en la proclamación, el conocimiento y la experiencia de la regeneración ha creado una grave crisis en la iglesia. Y esta crisis se acentúa al sustituir la verdad de la regeneración con verdades a medias como la que conlleva la frase “aceptar a Cristo.”  A esto se refiere J. I. Packer cuando escribe,

No hay duda de que los evangélicos están hoy día en un estado de perplejidad y desorientación. En asuntos como la práctica del evangelismo, la enseñanza de la santidad, la edificación de las iglesias locales, la tarea los pastores con las almas y el ejercicio de la disciplina, hay una notable insatisfacción con la forma que se hacen las cosas y una creciente incertidumbre sobre como hacerlas en el futuro.”

Packer continúa diciendo:

Este es un fenómeno complejo al cual han contribuido muchos factores. Pero al ir a la raíz del asunto encontramos que al final estas perplejidades se deben a que hemos perdido la conexión con el evangelio bíblico…sin darnos cuenta, durante el pasado siglo, hemos cambiando el evangelio por un producto substituto que aunque luce similar en algunos de sus detalles, es decididamente algo diferente cuando lo vemos como un todo.” (Introducción a "La Muerte de la Muerte en la Muerte de Cristo" por John Owen).

El punto esencial de esta vasta crisis es que un gran número de gente que se considera cristiana, que es recibida en las iglesias como cristiana, y que llega hasta a ocupar posiciones de ministerio, nunca se han convertido aunque han “aceptado a Cristo”. Esto nos habla de la gran necesidad de la conversión de los pecadores, y sobre todo nos advierte que a como van las cosas nuestro primer campo misionero, aparte de nuestras casas, debería ser la misma iglesia donde tantos asistentes parecen necesitar una verdadera conversión bíblica.

Pero en realidad, no es de extrañar que los asientos de las iglesias estén llenos de inconversos cuando los pulpitos están escasos del evangelio; cuando la verdad se sustituye con sermones triviales de moralismo, terapia y ocurrencias humanas.       

No Hay Otro Evangelio


Años atrás recibí una “revelación.” Sucedió  mientras leía la revista Carisma deseando saber más del movimiento del Espíritu de Dios en la iglesia de Cristo. La "revelación" no vino por una experiencia sobrenatural ouna "palabra profética," "apostólica" o testimonio y experiencia de poder.  Vino a través de la propaganda de las conferencias, seminarios, convocaciones y campañas que allí se anuncian.  Casi sin excepción la propaganda anunciaba a los salmistas, cantantes, grupos musicales, grupos de coreografía, apóstoles, profetas o profetizas que habrían de participar. Anunciaban también los precios, las comidas y las comodidades que se ofrecían en el evento. Los temas de cada evento eran descritos con palabras como “explosivo, apostólico, sobrenatural, profético, poderoso o internacional” y prometían cosas como “revelación, prosperidad, milagros, unción o victoria.”  Lo mas revelador de esta "revelación" era la notable ausencia de Cristo y de las doctrinas bíblicas de la gracia, la santidad de Dios, la regeneración y la autoridad de la Escritura. 

Después de algún tiempo en el que comprobé que el sensacionalismo era un patrón establecido en este tipo de eventos, el resultado fue de un total rechazo a ese sistema.  Suficiente.  No se puede ser un cristiano bíblico y sano en una atmósfera donde se enfatiza lo marginal, se exalta a los hombres y se pervierten y sofocan las doctrinas bíblicas esenciales. No es bueno, seguro, honesto ni escritural dejarse manipular ni ser manipulado por estrategias de mercadeo de gente que pretende ser tan elevada espiritualmente y está tan enfocada en el éxito y en las reuniones multitudinarias que considera el evangelio como cosa común y ordinaria, relegándolo a segundo plano y predicando tan poco de él que no presentan sino una sombra sin substancia cuyo poder redentor y santificador es anulado.  ¿Cómo es posible anunciar con bombos y platillos eventos cristianos donde se ofrece de todo menos la cruz, la gracia, la santidad de Dios, la justicia de Cristo y la autoridad y suficiencia de la Escritura? ¿Cómo es posible honrar a Dios en un sistema pervertido donde los “ungidos” suplantan la gloria del evangelio de Cristo y su cruz con doctrinas de prosperidad, sobrenaturalidad y victoria que ultimadamente consisten de abusos y manipulaciones doctrinales y emocionales más que de la verdad bíblica?

Un remedio precioso para esta infausta epidemia es el evangelio que predicaban los puritanos y los reformadores. Si quieren degustar y alimentarse con ese evangelio les recomiendo el libro “No Hay Otro Evangelio” de Carlos Spurgeon. Para que lo saboreen un poco les ofrezco aquí la introducción.

No Hay Otro Evangelio 
por Carlos Spurgeon
"Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres"
INTRODUCCIÓN
De Spurgeon se sabe que fue un gran predicador; que miles y miles de almas se convirtieron bajo su ministerio; que fue bautista, y que dio muestras prodigiosas de una ironía sana y oportuna desde el púlpito. Se conocen y repiten muchas de sus anécdotas e ilustraciones; pero poco, muy poco, se sabe del contenido doctrinal de su predicación. Se supone y se cree ¡claro está!, que fue sano en sus creencias; pero en qué consistía la ortodoxia “spurgeoniana” ¡ah!, eso ya son aguas de otro molino. Pero aún así, lo que muchos protestantes no pueden ni tan siquiera imaginar, es que la sana predicación de Spurgeon descansara en aquellas gloriosas doctrinas bíblicas comúnmente conocidas bajo el nombre de calvinistas.

En el prólogo del primer volumen del “New Park Street Pulpit” -de cuya colección provienen los sermones de este libro; Spurgeon decía: “Recurrimos con frecuencia a la palabra calvinismo por designar esta corta palabra aquella parte de la verdad divina que enseña que la salvación es sólo por la gracia”. Y añadía: “Creemos firmemente que lo que comúnmente se llama calvinismo no es más, ni menos, que aquel sano y antiguo evangelio de los puritanos de los mártires, de los Apóstoles y del Señor Jesucristo.”


Spurgeon se mantuvo siempre fiel a las doctrinas de la gracia. Las páginas de este libro -como toda la producción literaria del gran predicador-, están estampadas con aquel inconfundible sello del Soli Deo Gloria (Solo a Dios la Gloria) tan genuinamente bíblico. Y como sucede siempre que el Evangelio es predicado en toda su pureza, la oposición de la mente carnal no tarda en desatarse. ¡Cómo odian los hombres a quienes exaltan la soberanía de Dios! ¡Y con cuán poco escrúpulo la desfiguran! Modernistas y arminianos hicieron causa común en un intento vano para acallar la voz evangélica del joven predicador. La crítica más mordaz y severa se volcó sobre él; su nombre era satirizado en la prensa y “pateado por la calle como una pelota de fútbol”. El 25 de octubre de 1856, un semanario londinense escribía: “Creemos que las actividades del señor Spurgeon no merecen en lo más mínimo la aprobación de sus correligionarios. Apenas hay un ministro independiente de cierta categoría que esté asociado con él”. Y todo como resultado de sus convicciones doctrinales.

Con referencia a los sermones que tienes en tus manos, lector, Spurgeon comentaba: “Nada más hiriente queda por decir en contra de ellos que no se haya dicho ya; las formas más externas de vejación ya se han agotado; se ha llegado ya al no-va-más del vocabulario ofensivo, y las críticas más mordaces ya no pueden contener más veneno”. Con todo, Spurgeon se gozaba en el glorioso hecho de que Dios había estampado estos sermones con el sello de numerosas conversiones genuinas. Y aun después de la muerte del gran predicador, el Espíritu de Dios se sirve de estos mensajes -que son locura y escándalo a la mente carnal- como medio de salvación para muchos pecadores. (Uno de los traductores de estos sermones fue alcanzado por el poder de la gracia de Dios a través de la lectura de los mismos en su versión original).

Spurgeon se alzó ante la rutina y la superficialidad. El Señor usó para desempolvar las biblias de una multitud de “cristianos del domingo,” y despertarlos a la realidad de su condición. Y eso no podía conseguirse por la predicación del Spurgeon tradicionalmente conocido por los lectores hispano-parlantes. Era necesaria la publicación de sermones íntegros de ese sirvo de Dios para que fuese por fin conocido.  Acostumbrados como estamos a la predicación superficial y soporífera de nuestro tiempo, la lectura de estos sermones causará, por necesidad, revuelo espiritual en los círculos protestantes de habla hispana. Estos mensajes son llamadas directas al espíritu y exigen -como contestación-, un examen profundo de nuestra pretendida fe cristiana.

No tengas temor, tú que nos lees, de contrastar tus creencias y examinarlas a la luz de la Escritura. “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” (Jeremías 6:16). ¿Contestarás: “No andaremos”? La voz que resuena en estos sermones es la del atalaya, y dice: “Escuchad la voz de la trompeta.” Por amor de tu alma no respondas: “No escucharemos.” Publicamos estos sermones, no sólo para que se conozca al verdadero Spurgeon, sino, sobre todo, para que se conozca el verdadero Evangelio: EL EVANGELIO DE LA GRACIA DE DIOS.

Nota: Para leer el texto completo del libro oprima el titulo de este artículo

El progreso de la Apostasía

Tomado de “El Progreso del Peregrino” de Juan Bunyan 

Cristiano y Esperanza hablan de un tal Temporario que vivía en el pueblo de Sin-gracia y era vecino de Vuelve-atrás.  Este solía ser bastante fervoroso en la religión pero de repente se hizo amigo de Sálvese-él-mismo y terminó cayendo en la apostasía.  Cristiano le explica a Esperanza como es que la apostasía alcanza a hombres como Temporario:
  1. Apartan sus pensamientos todo lo posible de la meditación y el recuerdo de Dios, de la muerte y del juicio venidero.
  2. Abandonan poco a poco, y por grados, sus deberes privados, como la oración secreta, el refrenamiento de sus concupiscencias, la vigilancia sobre sí mismos, el dolor de pecados y otros semejantes.
  3. Luego huyen de la compañía de los cristianos fervorosos y entusiastas.
  4. Se van enfriando en cuando a los deberes públicos, como la lectura y predicación de la palabra, trato piadoso con otros cristianos, etc.
  5. Ya empieza a gustarles criticar a las personas piadosas, y esto de una manera infernal, para tener una excusa aparente para echar fuera la religión, con el pretexto de algunas debilidades que han descubierto en los que la profesan.
  6. Después vienen a adherirse y asociarse con hombres carnales, licenciosos y livianos.
  7. Luego se entregan secretamente a conversaciones carnales y livianas, alegrándose de ver cosas semejantes en algunos que son tenidos por honrados, para cohonestarse con ellos y poder hacerlo más atrevidamente.
  8. Por fin empiezan a jugar abiertamente con los pecadillos, llamándolos cosa de poca entidad; y endureciéndose de esta manera se manifiestan enteramente como son.
  9. Así, habiéndose lanzado en el abismo de la miseria, si un milagro de la gracia no lo previene, perecen para siempre en sus propios engaños.

En Un Mundo Como el Nuestro No Debería Existir la Alegría, Pero Existe ¿Por Qué?


Lo más absurdo que alguien puede decir es que el único
infierno que hay es este mundo.  La verdad es que para
esa persona, el único cielo que hay es en este mundo

La miseria, el sufrimiento y el dolor; no hay nadie que pueda escapar de ellos. ¿Por qué permite Dios esas cosas en el mundo?  En un pequeño folleto titulado El Problema de La Alegria John Gerstner trata este dilema.  Lo que leerán a continuación es un sumario de sus explicaciones.   

Los incrédulos racionalistas se imaginan que para desprestigiar el cristianismo basta hacer este razonamiento: “¿Cómo puede un Dios bueno permitir la miseria y el sufrimiento? Si Dios es bueno y no lo impide es porque no es todopoderoso. Si es todopoderoso y no lo evita es porque no es bueno.”

A esto Gerstner responde que el sufrimiento no es ningún dilema mientras exista el pecado.  El dice:            
Mientras haya pecado, no puede haber problema con el sufrimiento porque un Dios bueno que es todopoderoso tiene que castigar al pecador con dolor y sufrimiento.  El dilema existiría si en un mundo con pecado no hubiese sufrimiento. Entonces tendríamos que decir que no hay Dios, o que Él no es bueno ni todopoderoso. Si Él dejara pasar el pecado sin castigo no seria bueno, o si fuera incapaz de castigar el pecado no seria todopoderoso.”  

Es asombroso que haya Alegría y Placer
En un mundo de pecado es esperar que haya dolor; lo que no debería existir es la felicidad ni el placer.  ¡Habiendo pecado es asombroso que exista el placer!  Pero a la gente no le confunde ni le parece problemático que haya alegría y placer; su problema es con el sufrimiento y el dolor. Gerstner explica así esta confusión:
Es fácil entender por que la gente se confunde con el sufrimiento. El sufrimiento es un tema doloroso; la alegría es un tema placentero.  A nadie le gusta el dolor; a todos nos gusta el placer. Y la gente asocia los problemas con lo que a ellos no les gusta. Puesto que no les gusta el dolor, ellos le llaman a esto problema. Pero el hecho es que el problema no es el sufrimiento. Más bien es el placer y la felicidad.  ¿Cómo es posible que exista la alegría en un mundo pecador?

            Nosotros sentimos que el sufrimiento es algo que no merecemos. Lógicamente, una vez que asumimos que no merecemos sufrir el sufrimiento se convierte en un problema de tipo moral que nos hace sentir con el derecho de reclamarle y exigirle a Dios que El no tiene por qué permitir que nosotros suframos.  Eso infla nuestro ego al mismo tiempo que alivia nuestro dolor. “  ¿Cómo puede Dios hacerme esto a mi

Por qué el sufrimiento no es el problema
Hay dos hechos que nos demuestran por qué el sufrimiento no es el problema. El primero es que el pecado existe. El segundo es que el pecado requiere sufrimiento.

El pecado existe: a la gente no le gusta llamar pecado al pecado. Pero no importa como se le llame, el pecado siempre será pecado.  Los niños demuestran que saben esto intuitivamente cuando le dicen a su madre “¿Por qué cuando yo hago algo malo es que soy un niño malo, pero cuando tú haces algo malo es que estás nerviosa?”  Nadie que lea bien la Biblia puede llegar a la conclusión de que Dios está tranquilo en el cielo y todo está bien en la tierra.  Nadie que observe bien a su alrededor puede negar la realidad de que el pecado existe.

El pecado requiere castigo: La gente que se opone al castigo corporal a los niños lo hace porque lo consideran ineficaz y contraproducente. Los que se oponen a la pena de muerte lo hacen porque consideran que no detiene el crimen. Para ellos castigar a los criminales con la pena de muerte es criminal.  Pero aun así están de acuerdo en que el crimen merece alguna clase de castigo. Por ejemplo, ellos no condenan a alguien si mata a otro en defensa propia.  Pero ¿Cómo es posible estar de de acuerdo con que se mate a un asesino antes de que mate a su victima, pero no después de que la haya matado?    Esto es una contradicción que demuestra que aun los más liberales reconocen en última instancia que el crimen, la delincuencia (el pecado) requieren castigo. Esto nos trae a la siguiente conclusión.

El castigo requiere sufrimiento: el sufrimiento es necesario por que el castigo para que sea castigo tiene que doler. Todo castigo es doloroso. Si un castigo no duele, no es castigo. Puesto que todos somos pecadores todos merecemos sufrir; de hecho nosotros merecemos más sufrimiento del que recibimos pues nuestros pecados son contra un Dios infinito, por lo cual el castigo que merecemos es infinito. Allí es donde se hace asombroso que exista la felicidad y el placer. Dice Gerstner:
Nadie ha sufrido jamás el castigo que se merece delante de Dios.  Si Dios nos diera lo que merecemos ya no existiríamos.  ¿Cómo entonces continuamos viviendo? ¿Por qué no nos hundimos de inmediato en el tormento y la condenación eternas?...los pecadores levantan su puño contra el cielo y se quejan de lo que llaman “dolor,” pero no se ponen a pensar que un día cuando estén en la condenación eterna mirarán para atrás y verán su vida aquí como un paraíso.  Lo que ellos ahora llaman miseria, lo consideraran entonces un placer exquisito. 

Lo más absurdo que alguien puede decir es que el único infierno que hay es este mundo.  La verdad es que, para esa persona, el único cielo que hay es en este mundo. Cuando el pecador llegue al infierno por su incredulidad, sabrá que el único cielo que jamás conocerá fue en este mundo al cual llamaba “infierno.”

Martín Lutero el Reformador y Erasmo de Rótterdam el Casi Reformador

Por Victor B. Garcia 

El Liderazgo y el Prestigio de Erasmo
En 1516, un año antes de que Martín Lutero clavara las noventa y cinco tesis que iniciaron la reforma protestante en Europa, Erasmo de Rótterdam, un prestigioso académico de la época, publico un Nuevo Testamento con iluminadores comentarios que resaltaban la preeminencia de las Escrituras. Esto fue un gran evento en aquellos días en los que todo mundo--la gente común y los sacerdotes--ignoraban la Palabra de Dios.

Erasmo, cuya influencia era grande, criticaba abiertamente los abusos de la iglesia Romana. En su famoso libro, "Elogio a la Locura," se burló con agudo ingenio de la corrupción y las contradicciones de los monjes. Se opuso también a la venta de indulgencia (documentos papales que ofrecían el perdón de los pecados y la liberación del purgatorio a quienes las compraban para ellos o para sus seres queridos -- vivos o muertos).

Las Semejanzas entre Erasmo y Lutero
Cuando Martín Lutero delineó sus noventa y cinco tesis, Erasmo lo apoyó pues compartía con él su rechazo a los abusos de la iglesia y su deseo de reformarla. Ambos hombres eran expertos en la Biblia e intelectualmente bien dotados; eran también piadosos, independientes y valerosos. Sin embargo, la influencia de Erasmo era inmensamente más grande que la de Lutero, igualmente lo era su elocuencia y su habilidad como escritor.

Todo hacia pensar que Erasmo era el líder indicado para estar al frente de la Reforma y de la batalla contra la corrupción, la ignorancia y la desviación del catolicismo romano. Sin embargo, en contra de todas las expectativas, no fue Erasmo sino Lutero quien llegó a ser el líder de la Reforma, aunque la influencia de Erasmo era tanta que la gente decía: “Erasmo puso el huevo y Lutero lo empolló.”

Las Diferencias Entre Erasmo y Lutero
El hecho es que después de ser aliado de la reforma en sus inicios Erasmo, se hizo después su opositor. ¿Y que fue lo que produjo que las cosas tomaran este inesperado rumbo? Fue la diferente perspectiva que Lutero y Erasmo tenían sobre la esencia del Cristianismo. Y esto tiene una gran relevancia para nosotros hoy día como lo veremos a continuación.

Para Erasmo la doctrina era un asunto sin importancia. El combatía las indulgencias, la corrupción moral y la superstición, pero la doctrina no le importaba mucho. Lutero por el contrario, veía que el Cristianismo es sobre todo un asunto de doctrina pues nuestra fe, decía él, tiene que basarse en la verdad doctrinal pues sin doctrina correcta no hay verdad. Lutero decía: “otros que han vivido antes de mi han atacado la perversión y los escándalos del Papa, pero yo he atacado su doctrina.”

Otra diferencia entre Lutero y Erasmo era que Erasmo quería sobre todas las cosas, paz y unidad. Y esto, unido a su bajo concepto de la doctrina, hacia que se sometiera y que reverenciara la autoridad y tradición de la iglesia aunque no compartiera su doctrina. Las ideas doctrinales, opinaba él, no afectan la vida cristiana práctica, por tanto hay que buscar unidad y dejar a un lado los dogmas doctrinales que no solo son divisivos sino necios, aburridos e imprácticos.

Para Lutero, sin embargo, la verdad bíblica no podía ser comprometida. Él procuraba definir y expresar con claridad la doctrina que la Escritura enseña y vivía su vida de acuerdo a sus posiciones doctrinales, lo cual le ganó muchos enemigos, entre ellos Erasmo.

Una tercera divergencia entre estos hombres consistía en que Erasmo era sobre todo un moralista. Su ideal, decía él, era ver el Cristianismo retornar a una vida y a una doctrina simple como la de los apóstoles lo cual era cuestión de seguir ciertas reglas mínimas de moralidad sin complicaciones, las cuales toda persona sensible seria capaz de entender y seguir. Por eso, la salvación, según Erasmo, dependía de la decisión del hombre, quien aunque afectado por el pecado, aun tenia la capacidad de buscar a Dios por si mismo y hacer suficientes meritos para obtener la salvación. Lutero condenaba tal concepto y basándose en la doctrina de Pablo la calificó como anatema abominable, pues no era otra cosa que salvación por obras y atentaba contra la esencia misma del evangelio de Jesucristo.

En las diferencias entre Lutero y Erasmo podemos distinguir dos corrientes que aun se mueven en la iglesia hoy día. Una, la de la gente que busca armonía, moralidad y éxito para la iglesia a costa de la verdad doctrinal. Otra, la de la gente que busca la verdad de la doctrina bíblica para conocerla, creerla y vivirla, y que procura analizar y sujetar todas las cosas de acuerdo a la verdad bíblica, aunque no sea popular ni exitosa según los hombres.

¿No es cierto que la posición de Erasmo es más popular que la de Lutero? Así es. Lo fue en aquellos días, y lo es hoy. Y nosotros, aunque no sea lo más popular nos alineamos con Lutero en su actitud de definir bien la doctrina bíblica, de expresarla con claridad y de vivirla bajo el poder de la gracia de Dios.

¿Por qué Existen la Maldad y el Sufrimiento?


El problema de la existencia del mal está ligado al del sufrimiento y es la causa por la que mucha gente rehúsa creer en Dios.  Para algunos el problema es filosófico pues no pueden concebir que un Dios bueno y poderoso permita tanta maldad sin sentido.  Para otros el problema es existencial pues han tenido que ser testigos del dolor de otros o tenido que soportar personalmente maldad y tragedias extremas y dolorosas. 

En cualquier caso, el rechazo a Dios por este motivo esta basado en razones que no tienen que ver con un entendimiento objetivo del mal; es asumir que la falta de claridad respecto al mal justifica el rechazo a Dios.  En otras palabras, que si tú no entiendes la respuesta, no existe respuesta.  Esto es tener una fe enorme en tus propias facultades mentales y eso no tiene sentido pues es imposible para la mente humana conocer la respuesta absoluta de todas las cosas.  Lo que tu mente no entiende y probablemente nunca entenderá Dios si lo entiende.  Y aunque Él no nos explica por qué existe el mal ni cual es la causa y el propósito, si nos da la información suficiente en su palabra para que comprendamos que, después de todo, el mal y el sufrimiento no son absolutamente sin razón. 

José, el hijo de Jacob, fue vendido por sus hermanos y sufrió de forma terrible por esta incomprensible maldad.  Años después, volvió a encontrarse con ellos.  En esta ocasión ellos estaban necesitados y él era el único que podía ayudarlos. Y la manera en que José explicó su sufrimiento fue esta: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo” (Génesis 50.20).
José sabía que cuando sus hermanos lo vendieron, Dios intentaba lo mismo que sus hermanos intentaban.  La diferencia estaba en que lo que movió a sus hermanos fue pura maldad, pero lo que movió a Dios fueron razones y objetivos sabios y misericordiosos que nadie se podía imaginar en el momento. 

También Job tuvo que soportar aflicciones inmensas y sin aparente sentido. Y en medio de su dolor se queja amargamente ante Dios y desea encontrarse con Él y exigirle una explicación: “Hoy hablaré con amargura; porque es más grave mi llaga que mi gemido. ¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! Yo iría hasta su silla. Expondría mi causa delante de él, Y llenaría mi boca de argumentos (Job 23:2-4).”

Cuando Dios le responde a Dios lo hace con una serie de preguntas que despliegan su inescrutable y sobrecogedora sabiduría, grandeza y soberanía.  Ese encuentro transforma a Job.  Le hace olvidar sus exigencias y su dolor y arrepentirse de su ignorancia y atrevimiento.  Dios nunca le responde directamente a Job, pero no hubo necesidad después de esa manifestación transformadora.   No hay una respuesta definitiva a la existencia del mal y el sufrimiento; pero la Escritura nos ofrece verdades poderosas para lidiar con estos cuando llegan a nuestra vida:
  • La maldad no fue creada por Dios; a Él le ofende y la aborrece
  • La maldad, sin embargo, se ajusta a los propósitos de Dios, como en el caso de José
  • Dios decreta y ordena todo lo que pasa, pero los humanos somos responsables por nuestros
  • actos malos 
  • Cristo se sobrepuso a la maldad y la derrotó en la cruz y en su resurrección, sin embargo la maldad seguirá estando presente por un tiempo en el mundo
  • Al final la maldad será completamente erradicada del universo por la promesa y el poder de Dios en Cristo

El Arminianismo al Descubierto

¡Ay del que pleitea con su Hacedor!
¡El tiesto con los tiestos de la tierra!
¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces? 
(Isaías 45.9)

El arminianismo es llamado así en conexión con Jacobo Arminio, el teólogo Holandés del siglo diecisiete cuyos discípulos, “los antagonistas,” fueron silenciados temporalmente en Holanda por los cánones del sínodo de Dort (los cinco puntos calvinistas). Aquella batalla doctrinal entre los reformados y los antagonistas fue histórica; pero a pesar de la victoria que las doctrinas de la gracia obtuvieron en esa ocasión, el arminianismo no desapareció.   En realidad, el arminianismo siempre ha existido, siempre ha sido antagonista de la gracia de Dios, y nunca dejará de existir mientras exista la injuriosa y falsa idea del libre albedrío. 

Fue el espíritu del armininianismo lo que hizo a Adán cubrirse con hojas de higuera para, según el, ocultar su desnudez delante de Dios. Las hojas de higuera representan la actitud insensata del arminianismo. Adán pensaba que él se podía cubrir a si mismo sin necesidad de Dios, así como los arminianos piensan que la salvación depende del libre albedrío, de la decisión y de la fe de ellos y no de la gracia soberana.

Los reformadores, que afirmaban la soberanía de la gracia divina combatieron el arminianismo de los “antagonistas” cuando este apareció en Holanda. Agustin de Hipona, en el siglo cuarto la combatió cuando aun no se llamaba arminianismo y se manifestó en su peor forma en la doctrina de Pelagio el hereje.

Por eso John Owen, el puritano inglés heredero de la teología reformada se refirió al arminianismo como “el viejo ídolo pelagiano del libre albedrío que con su compañera, la diosa casualidad, pretenden subir hasta el trono del Dios del cielo para afrentar su gracia, su providencia y su supremo dominio sobre los hijos de los hombres.”

¿Cuál es la raíz del arminianismo? Es la corrupción de la naturaleza carnal del hombre la cual entenebrece el alma con una niebla de ignorancia que la inhabilita para comprender la verdad divina. El arminianismo se arma de prejuicios y oposición contra la soberanía de Dios contradiciéndola o minimizándola.

La causa del trastorno arminiano es la avidez de ser auto-suficientes. No hay nada por lo que los hombres contiendan tanto como por ser independientes. Al orgullo humano le exaspera depender de Dios para su salvación; le desagrada pensar que sea El quien controle sus acciones. Los hombres reclaman el poder para forjar su propia felicidad y luchan por liberarse del gobierno supremo de la soberanía de Dios. Esta es la amarga raíz de donde brotan todas las herejías y calamitosas contiendas que han afligido a la iglesia.

Todas las agitadas disputas de la razón carnal contra la palabra de Dios se reducen a esta cuestión: ¿A quién se debe la parte primordial y suprema en la disposición de lo que sucede en este mundo? ¿A Dios o al hombre? Los hombres, en su mayoría, se adjudican a si mismos esta preeminencia. Ellos reclaman que tiene que ser así, de lo contrario Dios es injusto y sus caminos son torcidos. Nunca nadie ha procurado tan resueltamente erigir la Babilonia espiritual del libre albedrio como los Arminianos. Ellos, enceguecidamente son los patrocinadores de la auto-suficiencia humana.