El 7 de febrero 2012 Johnny Farese envió la nota que leerán a continuación.  Johnny es un hombre de Dios que nació con atrofia espinal muscular y es paralitico de brazos y piernas.  A pesar de eso, vive una vida productiva sirviendo a cientos de pastores y líderes reformados y a miles de personas alrededor del mundo a través de su página en el internet.  En su nota nos comunica que su salud está decayendo y nos envía una exhortación que todos debemos considerar, sea que estemos sanos o enfermos. (Para visitar su pagina opriman en: farese.com.)  


Queridos hermanos:

En la providencia y en la soberana sabiduría de Dios mi salud está decayendo progresiva y cada vez más rápidamente.  La cita de Carlos Spurgeon abajo expresa adecuadamente la exhortación que me gustaría ofrecerles mientras soy santificado por esta prueba y proceso tan dificultosos. 

Si tengo algún mensaje que darles desde mi lecho de enfermedad es este – si no desean lamentarse cuando se vean obligados a estar postrados, trabajen para Dios mientras puedan.  Si desean que su cama sea más suave cuando estén enfermos no dejen que sea un lugar lleno de recuerdos tristes por el tiempo que perdieron cuando tenían salud y energía.  La gente me decía años atrás cosas como: “vas a quebrantar tu organismo predicando diez veces a la semana.”  Bueno, si hice eso, me  siento feliz de haberlo hecho.  Lo haría de nuevo.  Si tuviera cincuenta organismos me regocijaría en quebrantarlos por servir al Señor Jesucristo.  Ustedes jóvenes que son fuertes, venzan al maligno y luchen por el Señor mientras puedan.  Nunca lamentarás haber hecho todo lo que hayas podido por nuestro bendito Señor y Maestro.  Llena tanto como puedas tu día sirviéndolo y no pospongas el trabajo para mañana.  "Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas" (Eclesiastés 9:10).

La Pluralidad Religiosa y la Analogía del Elefante

Por Víctor B. García  
 
El pluralismo y la tolerancia era la atmósfera dominante en el imperio romano durante los primeros siglos de nuestra era cuando la iglesia estaba en su infancia.  Había diversidad de culturas, nacionalidades y religiones; irónicamente, sin embargo, en medio de tanto pluralismo y tolerancia los cristianos eran despreciados y perseguidos.  Frente a esto Justino Martir, un escritor, defensor del cristianismo en esos fatídicos días le preguntó al emperador, “¿Por qué somos injustamente odiados más que todos los demás?” 

Lo mismo sucede en nuestros días.  Vivimos en una sociedad que profesa ser pluralista y tolerante, sin embargo los cristianos son despreciados y ridiculizados como si fuesen gente ignorante y estrecha de mente por creer en la existencia de la verdad.  Es más, el cristianismo es considerado peligroso por sostener la convicción que la verdad es absoluta y exclusiva.  Los pluralistas religiosos dicen que esa creencia es estúpida y arrogante; su advertencia para los cristianos es que se adapten a esta sociedad pluralista o se atengan a ser desechados por irrelevantes. 

Ellos dicen que las distintas verdades religiosas o filosóficas son ángulos diferentes de una misma cosa como en la historia de los ciegos que tocaron un elefante y se pusieron a discutir sobre su forma.  El que tocó la trompa alegaba dogmáticamente que el elefante es un animal flexible y largo; el que tocó el estomago decía que es como una pelota gigante; el que tocó la pierna afirmaba que es grueso y redondo; el que tocó la oreja decía que es plano y delgado.  Cada uno formó su propia religión o filosofía acusando a los demás de estar errados, pero no se daban cuenta que por su ceguera sólo veían una parte de la realidad completa del elefante.   

El problema con esta ilustración es que hace lo mismo que busca criticar--una afirmación exclusivista.  Quienquiera que la diga se pone en una posición ventajosa y arrogante.  Todos son ciegos, menos él; sólo él ve y conoce la verdad sobre la forma del elefante. 

Es aquí donde está la falla del pluralismo que detesta la idea de la verdad absoluta y ataca al cristianismo como intolerante y fanático; su visión es esencialmente religiosa y hace afirmaciones absolutas para negar que existe la verdad absoluta y para explicar la realidad suprema en sus propios términos.  Ellos pueden referirse a su posición como filosofía, realidad o cosmovisión--lo que quieran--pero es una suposición exclusivista acerca de la verdad.  Sería mas honesto que en lugar de despreciar y escarnecer el cristianismo con estos ridículos argumentos escucharan sus evidencias con una mente sin prejuicios, y si no están de acuerdo que lo dijeran con respeto.       

Simplemente El Libre Albedrío no Existe


Robert Raymond: “New Systematic Theology of the Christian Faith,” pp. 353, 356-7.  
(Traducido al español por Victor Garcia) 
Hay problemas cuando se dice que los hombres tienen libre albedrío (voluntad libre) como si tuvieran la capacidad o el poder de escoger cualquiera de varios cursos de acción incompatibles.   

Simplemente no existe tal cosa como un libre albedrío desconectado y totalmente independiente de la persona que escoge, como si el albedrío fuese algo que cuelga del aire disfrutando de alguna ventaja extra-personal por la que se pueden determinar las cosas y estuviese disponible para ser usado por cada individuo.    

Jonathan Edwards dice: “la voluntad es la mente escogiendo.”  En otras palabras, cada uno escoge lo que escoge de acuerdo a las limitaciones y complejidades de su persona.  Los hombres no pueden escoger caminar sobre el agua o agitar los brazos y volar; lo que decidan respecto a estas cosas está restringido por sus capacidades físicas.  De la misma manera, sus decisiones morales están determinadas por la totalidad de su naturaleza. 

Y la Biblia nos informa que los hombres son limitados pero ademas también son pecadores.  Por naturaleza ellos no pueden dar buen fruto (Mat. 7.18); por naturaleza no pueden oír las palabras de Cristo que podrían darles vida (Jn. 8.43); por naturaleza no pueden sujetarse a la ley de Dios (Rom. 8.7); por naturaleza no pueden discernir las verdades del Espíritu de Dios (1 Cor. 2.14); por naturaleza no pueden confesar con su corazón que Jesús es el Señor (1 Cor. 12.3); por naturaleza no pueden controlar la lengua (Sant. 3.8); y por naturaleza no pueden venir a Cristo (Juan 6.44, 45, 65).  Para poder hacer cualquiera de estas cosas ellos tienen que recibir una ayuda poderosa que venga de afuera.  Así que simplemente no hay tal cosa como una voluntad libre la cual pueda escoger lo bueno por si misma.    

La Biblia no sugiere en ninguna parte que los hombres son libres de los decretos que Dios ha establecido en su voluntad ni de su gobierno providencial.  Por todas partes afirma lo contrario enseñando que los propósitos de Dios y la ejecución providencial de sus propósito eterno es lo que determina todas las cosas.  Calvino escribió:

La voluntad de Dios es, y es justo que así sea, la causa de todo lo que existe. Porque si la voluntad de Dios tiene alguna causa querría decir que hay algo mayor que ella a lo cual está sujeta; y eso es ilícito pensarlo.   La voluntad de Dios es la regla más alta de justicia, tanto que cualquier cosa que Él determina tiene que ser considerada justa por el solo hecho de que Él la determina.  Por lo tanto, cuando alguien pregunta por qué Dios ha hecho algo, nosotros tenemos que responder: ‘porque Él así lo ha determinado’.  Pero si tú insistes en preguntar por qué lo determinó estás buscando algo mayor y más alto que la voluntad de Dios lo cual no puede encontrarse. 

Esto concuerda con la enseñanza de la Biblia.  De hecho, es asombroso cuán abiertamente ella afirma el hecho de la voluntad decretiva de Dios que lo abarca todo y la “santa, sabia y poderosa preservación y gobierno de todas sus criaturas y sus acciones.”  Ciertamente la Biblia es más abierta en proclamar esto mientras que muchos teólogos niegan completamente estas cosas con su silencio pensando que al callar están sirviendo a Dios.    

El Dios vivo y verdadero, dice la Biblia, es el soberano absoluto que gobierna el universo (Sal. 103.199; 115.3; 135.6).  La Biblia enseña que además de ser el creador del universo conforme a su propósito eterno, Dios controla todas las cosas en su creación por su providencia (1 Cron. 29.11).  Él hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Ef. 1.11).  Él hace que todas las cosas obren para el bien (ser hechos a la imagen de Cristo) de los que lo aman. los cuales han sido llamados conforme a su propósito (Rom. 8.28).  De Él, por Él y para Él son todas las cosas (Romanos 11.36; 1 Cor. 8.6) desde la exaltación y destitución de los reyes hasta el vuelo y la caída de un pajarillo (Dan. 4.31-32; Mat. 10.29), desde el control de la historia de las naciones hasta el número de los cabellos en la cabeza de los hombres (Hech. 17.26; Mat. 10.30).