Mostrando entradas con la etiqueta Adoración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adoración. Mostrar todas las entradas

Thomas Watson "Tratado de Teología" Pregunta 4

El Ser de Dios

Pregunta 3: ¿Qué enseñan las Escrituras principalmente?
Respuesta: Las Escrituras enseñan principalmente lo que el hombre debe creer con respecto a Dios y el deber que Dios requiere del hombre.

Pregunta 4: ¿Qué es Dios?
Respuesta: Dios es espíritu, infinito, eterno e inmutable en su sabiduría, poder santidad, justicia, bondad y verdad.

Tres cuestiones: a) Algo implícito - Existe un Dios; b) Algo explicito - Dios es espíritu; c) ¿Qué clase de espíritu es Dios?

A) Algo Implícito: Existe un Dios: sabemos que hay un Dios…
1.    Por el libro de la naturaleza
2.    Por sus obras
3.    Por nuestra conciencia
4.    Por el consenso de las naciones
5.    Por sus predicciones de sucesos futuros
6.    Por su poder y soberanía ilimitadas
7.    Por los demonios

Aplicaciones:
Primera aplicación: el que niega a Dios es perverso, es como un ladrón que quiere quitarnos a quien es nuestro consuelo y esperanza. Muchos dicen que hay Dios, pero con sus hechos lo niegan; son ateos prácticos, que viven como si no creyeran que hubiese Dios, y por eso se atreven a mentir y ser impuros. .

Segunda aplicación: Puesto que hay un Dios, Él tratará a los hombres con justicia y les dará su debida retribución. A los perversos los condenará y a los fieles los recompensará.

Tercera aplicación: ¡Ay de los que tengan a Dios por enemigo! Él se vengará de ellos. ¡Qué necios los que por un sorbo de placer se beben todo un mar de ira!

Cuarta aplicación: creamos firmemente en la existencia del Dios que se ha revelado en su Palabra. Esto da vida a nuestra adoración, nos hace más santos, nos hace vivir bajo Su mirada, pone freno al pecado, nos mueve a cumplir nuestro deber, añade aceite a nuestra devoción y nos hace depender de Él en nuestras necesidades, dudas y tentaciones. Si creemos en Él no tendremos que pecar para salir de dificultades.    

Quinta aplicación: Interesémonos en Dios; Él ofrece ser nuestro Dios y la fe se apropia de Él y de lo suyo: de su sabiduría para enseñarnos, de su santidad para santificarnos, de su Espíritu para consolarnos, de su misericordia para salvarnos. Poder decir, "Dios es mío" es más que poseer todas la minas de oro y plata del mundo.

Sexta aplicación: Sirvamos y adoremos a Dios como Dios; orémosle con fervor, amémosle profundamente, obedezcámosle recibiendo su ley y sometiéndonos a su voluntad.  

B) Algo Explicito: "Dios es espíritu"
¿Qué significa cuando dice que Dios es espíritu?
 Por "espíritu" se entiende una sustancia inmaterial, de esencia pura, sutil y sin mezcla, sin cuerpo ni alma.

¿En qué se diferencia Dios de otros espíritus?
1.    Los ángeles son espíritus creados, finitos, limitados, ministradores; Dios es espíritu increado, infinito, ilimitado y súper-excelente, Él es "el Padre de los espíritus" (Heb. 12.9). 
2.    El alma es un espíritu - un espíritu que "volverá a Dios quien lo dio" (Ecl. 12.7).

¿En qué se diferencia Dios del alma? Dios ha dotado el alma humana de razón o entendimiento y ha estampado en ella su imagen, pero no su esencia.

¿Por qué se dice que somos participantes de la naturaleza divina? (2 Pedro 1:4) No por identidad o unión con la esencia divina, sino por una transformación a su semejanza.

En contra de que Dios es espíritu, los "antropomorfistas" (que le atribuyen a Dios un cuerpo real con sustancia solida) objetan que en la Escritura a Dios se le atribuye forma y figura humana.
Es contrario a la naturaleza de un espíritu tener sustancia corpórea. A Dios se le atribuyen miembros corporales metafóricamente, como una figura literaria no en realidad.

Aplicaciones
Primera aplicación: Si Dios es espíritu es impasible (imperturbable) y no se le puede dañar, es impenetrable y no se tocar su esencia, es invisible y no se le puede ver. Todos los intentos que los malos hacen contra Dios son necios y son frustrados. Dios puede herir a sus enemigos, pero ellos no pueden tocarle a Él.   

Segunda aplicación: Si Dios es espíritu es insensato adorarle con cuadros e imágenes. Él es imperceptible y no se le puede distinguir. Sería igual de insensato retratar el alma o pintar a los ángeles que son espíritu.

Si Dios prohíbe las imágenes, ¿Por qué se representa a los ángeles en la Escritura como querubines? Los querubines no representan las personas de los ángeles sino sus oficios; sus alas indican su rapidez - ellos son espíritu y no podemos imaginarlos con cuerpo.

¿Cómo concebir a Dios como espíritu si no podemos hacernos imagen o figura suya? Debemos concebirlo espiritualmente por sus atributos - santidad, justicia, bondad, etc.

Tercera aplicación: Puesto que Dios es Espíritu nosotros nos pareceremos más a Él mientras más espirituales seamos.

¿Qué significa ser espiritual? Haber sido refinado y sublimado con la paz del cielo y una mente que piensa en Dios y en su gloria llena de amor a Dios.

Cuarta aplicación: Siendo Dios espíritu Él requiere una adoración espiritual, aunque expresada con el cuerpo la adoración que le es aceptable es la adoración virgen, la adoración que viene del alma.

¿Qué significa adorar a Dios en Espíritu?
1.    Adorarle sin ceremonias.
2.    Adorarle con fe en la sangre del Mesías.

Quinta aplicación: Oremos al Señor para que nos conceda Su Espíritu. Aunque Su esencia es incomunicable, los movimientos, la presencia y los influjos de su Espíritu no lo son. Su Espíritu nos permite movernos con más energía en la esfera de la devoción y la obediencia.

Sexta aplicación: Las recompensas de Dios y sus principales bendiciones en esta vida y en la venidera son espirituales. Esto nos consuela en nuestros trabajos y sufrimientos. No te canses de servir a Dios aunque tu recompensa en la tierra sea poca; piensa en la recompensa espiritual, la "corona incorruptible de gloria."

C) ¿Qué clase de Espíritu es Dios? Es un espíritu infinito

¿No dice que el cielo es su trono? (Isaías 66.1): si lo es, igual que el corazón humilde (Isaías 57.15). El corazón lo es en cuanto a su presencia misericordiosa; el cielo en cuanto a su presencia gloriosa.

Si Dios es infinito, ¿está en sitios impuros? Dios está en todas partes pero no se mezcla con la impureza, ni se mancha con el mal, como el sol no se contamina cuando brilla sobre el estiércol.

Aplicaciones:
Primera aplicación: Esto condena a los papistas que sostienen que el cuerpo de Cristo está en el cielo a la vez que en el pan y el vino del sacramento. Pero aunque Cristo como Dios está en todas partes, como hombre no lo está. Cuando estuvo en la tierra, su humanidad no estaba en el cielo aunque sí su deidad; ahora que está en el cielo, su humanidad no está en la tierra pero su deidad sí lo está.  

Segunda aplicación: Siendo infinito en su omnipresencia, Él gobierna todo personalmente y no necesita de delegados o representantes. Por eso puede ser el juez de todo el mundo y hará lo recto con cada uno.

 Tercera aplicación: Siendo infinito en su omnipresencia, ¡considera la grandeza e inmensidad de su majestad! Él es infinito sobre nuestro entendimiento y nuestras alabanzas

Cuarta aplicación: Siendo Dios infinito considera qué herencia tan completa tienen los santos. ¡Qué inmensamente ricos son quienes tienen como su porción al Dios infinito! Por eso ninguno de los herederos del cielo debe temer a la necesidad. No puede haber falta de nada en lo que es infinito.

Quinta aplicación: La infinita omnipresencia de Dios es triste para los malos porque Dios es su enemigo y no pueden evitarle ni huir de Él.

Si Dios está en todas partes ¿Por qué se dice que Caín salió de la presencia de Jehová? (Gen. 4.16) esto significa que salió de la iglesia de Dios donde estaban las señales visibles de su presencia.

Sexta aplicación: Si Dios está en todas partes, no es imposible para el cristiano camina con Él. Podemos caminar con Él como Enoc. Podemos dar un paseo con Dios cada día por la fe.

Séptima aplicación: Aprende a admirar a Aquel a quien no puedes sondear. Abriga pensamientos de admiración para Dios; adora cuando no seas capaz de comprender. No limitemos ni encerremos a Dios dentro de los límites de nuestra razón pues Él sobrepasa nuestro entendimiento. Dios escoge su propia manera de actuar aunque desconcierte y deje perpleja nuestra razón. Él obra a través de improbabilidades y actúa según su naturaleza infinita, como Dios infinito y hacedor de maravillas. 

Thomas Watson "Tratado de Teología" Bosquejo del Capítulo 1


Por Victor B. Garcia - www.iglesiacaminonuevo.com


El Fin Principal del Hombre

Pregunta. 1: ¿Cuál es el fin principal del hombre? 
Respuesta: El fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él por siempre.

A) El Fin Principal del Hombre es Glorificar a Dios
Hay dos clases de gloria: 1) la gloria que Dios tiene en sí mismo, "el Dios de gloria;" 2) la gloria que se le atribuye a Dios: "dad a Jehová la gloria debida a su nombre"

¿Qué es glorificar a Dios?
1.    Apreciarlo - tener de Él el más alto concepto y admirar sus atributos. 
2.    Adorarlo - reconocer su prerrogativa real como lo establece; no ofrecer fuego extraño. 
3.    Tenerle un afecto santo - deleitarnos en amarle de manera superlativa. 
4.    Sujetarnos - consagrarnos a Él dispuestos a servirle según su voluntad. 

¿Por qué debemos glorificar a Dios?
1.    Porque Él nos da el ser.
2.    Porque Dios lo ha hecho todo para su gloria.
3.    Porque su gloria tiene un valor y una excelencia intrínsecas.
4.    Las criaturas inferiores y superiores a nosotros le glorifican.
5.    Todas nuestras esperanzas dependen de Él.

¿De cuantas maneras podemos glorificar a Dios?
1.    Buscando únicamente su gloria.
a.    Anteponiendo su gloria a cualquier otra cosa.
b.    Estando satisfechos con que su voluntad se cumpla.
c.    Estando satisfechos con que otros nos superen en dones y estima.
2.    Con una franca confesión de nuestro pecado.
3.    Creyendo.
4.    Siendo celosos de su gloria.
5.    Siendo fructíferos.
6.    Estando satisfechos con el estado en que nos ha colocado en su providencia.
7.    Ocupándonos de nuestra salvación.
8.    Viviendo para  Él.
9.    Conduciéndonos con alegría.
10. Defendiendo sus verdades.
11. Alabándole.
12. Siendo celosos de su nombre.
13. Estando atentos a Él en nuestra conducta natural y social.
14. Trabajando para atraer a otros a Él.
15. Sufriendo por Él y sellando el evangelio con nuestra sangre.
16. Dándole la gloria de todo lo que hacemos.
17. Viviendo una vida santa.

 Aplicaciones:
·         Primera aplicación: Nuestro fin principal no debe ser adquirir posesiones ni tesoros en la tierra. Estas cosas pronto se desvanecen.

·         Segunda aplicación: reprensión::
1.    Contra quienes no dan a Dios gloria alguna.
2.    Contra quienes le roban la gloria a Dios:
§  Atribuyendo lo que Dios les da a su inteligencia y laboriosidad.
§  Cumpliendo con sus deberes religiosos para su propia gloria.
3.    Contra quienes luchan contra la gloria de Dios.

·         Tercera aplicación: exhortación:   
1.    A los magistrados que deberían glorificar a Dios.
2.    A los ministros que deben estudiar como promover la gloria de Dios.
3.    A los padres de familia que deben instruir a sus hijos y siervos en el conocimiento del Señor.

B) El Fin Principal del Hombre es Disfrutar de Dios Para Siempre
Hay dos clases de gozo:
1) Gozo en esta vida.
2) Gozo en la vida venidera.

1.    El gozo de Dios en esta vida
·         Este viene a través de los medios de gracia, de la Palabra de Dios, del consuelo divino  y de Su Espíritu.

Aplicaciones:
·         Primera aplicación: es una perversidad preferir gozar de las concupiscencias de la carne, de los ojos y de la vanagloria de la vida que de Dios.

·         Segunda aplicación: nuestra preocupación debe ser gozar la presencia de Dios en los medios de gracia. El gozo de la presencia de Dios aquí en la tierra es la garantía de nuestro gozo con Él en el cielo.

2.    El Gozo de Dios en la vida venidera
·         Debemos vivir en la gracia y tener conformidad con Él en la gracia aquí en la tierra para gozar del gozo eterno. La gracia precede a la gloria. El Señor no meterá víboras inconversa en su seno eterno. Solo los de limpio corazón verán a Dios, los divinamente cualificados por la gracia disfrutaran de Él por siempre:
o   Dios es el bien supremo: gozar de Él es la más alta felicidad.
o   Dios es un bien  universal: en Él están contenidos todos los bienes y excelencias.
o   Dios es un bien sin mezcla: en esta vida todo está mezclado con vanidad, pero Dios es perfecto, la quintaesencia del bien.
o   Dios es el bien que satisface: Él satisface pero no empalaga; después de millones de años aun será infinitamente deseable.
o   Dios es un bien deleitoso: si nos deleitamos en Él por la fe, ¡Cuánto más al verle cara a cara!
o   Dios es un bien superlativo: es mejor que cualquier cosa con que se le compare.
o   Dios es un bien eterno: proporciona un gozo eterno, una corona que no se corrompe.

Aplicaciones:
·         Primera aplicación: que nuestro fin principal sea comenzar a Dios de este sumo bien a partir de ahora.
·         Descripción del gozo eterno:  
1.    No se debe entender como un estado de deleites carnales.
2.    Allí tendremos un vivo sentimiento del infinito placer que brota de este estado glorioso.
3.    Seremos transformados para asimilar y disfrutar la experiencia y visión de esta gloria.
4.    Será algo más que la contemplación de Él: habrá amor, conformidad a Él y participación de Sus recompensas y Su gloria.
5.    No habrá interrupción de este estado de gloria.

·         Segunda aplicación: Esto debe incentivarnos a cumplir con nuestro deber. ¡Cuán diligentes y celosos deberíamos ser en glorificar a Dios para por fin gozar de Él!

·         Tercera aplicación: Esto debe consolar y dar a liento a los piadosos en medio de las desdichas que experimentan ahora. 

¿Por Qué Amamos la Casa de Dios?

Por Víctor B. García
El Salmo 84 ha sido crucial en la vida de los santos a través de la historia para comprender el amor a la iglesia local. Nos muestra que los verdaderos creyentes son fervientemente devotos a la comunión unos con otros en la iglesia local como resultado de su entendimiento vigoroso de Dios y de Sus caminos.

El salmista es explicito acerca de su amor y su deseo: "¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo" (vv. 1-2). Aquí no hay vacilación, duda o desgano. El amor a la casa de Dios es algo solido y bien establecido en el corazón de un verdadero hijo de Dios.  

En la casa de Dios los creyentes encontramos una protección y un refugio que no se encuentra en ningún otro lugar en el mundo. Las vividas y poéticas referencias en este salmo al gorrión que halla casa y a la golondrina que pone nido para sus polluelos cerca de los altares del Señor (v.3) habla de esto. El propósito obvio de esta pintoresca referencia es que pensemos, "si aun estas pequeñas aves encuentran refugio y seguridad en los altares de Dios, ¿Cuánto más han de encontrarla sus santos?"  Por eso, en el salmo 27 David le pide a Dios y hace la promesa de buscar  "que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida," ¿y por qué?  "Porque Él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada" (Sal. 27.4-5). 
El verdadero creyente encuentra refugio en la casa de Dios, no porque allí todo sea idílico y perfecto, o porque la gente de la iglesia sea infaliblemente amorosa y esté siempre dispuesta a ayudarnos, sino porque allí Dios ha prometido su presencia y allí encontramos lo que nuestra alma necesita y lo que es más importante para nuestro bienestar eterno y espiritual. Allí encontramos la verdad de Dios que nos guía, la gracia de Cristo que nos perdona y el consuelo del Espíritu que nos alienta. 

Además, en la casa de Dios encontramos fortaleza en medio de las pruebas y las lagrimas. El salmista dice: "Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, En cuyo corazón están tus caminos.  Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion" (vv. 5-7).  Originalmente, cuando el salmista dijo esto, se estaba refiriendo a los peregrinos que se encaminaban hacia Sion, al templo en Jerusalén durante las fiestas anuales, anhelando llegar y fortaleciéndose con la esperanza de encontrarse allí con Dios.  Muchos de ellos tenían que atravesar caminos largos e inhóspitos, y para ellos llegar a Sion requería un gran esfuerzo e implicaba grandes peligros que eran aliviados por la fortaleza que encontraban en Dios: " Irán de poder en poder; Verán a Dios en Sion" (v.7).  Eso es la iglesia para los verdaderos creyentes en medio de los caminos de la vida que están llenos de tentaciones, dificultades, peligros espirituales y dolor. Allí encontramos fortaleza pues en ella experimentamos un anticipo de la gloria que un día gozaremos en la Sion eterna y celestial hacia donde nos dirigimos.

Pero este salmo nos enseña también la importancia de la oración, no solo por nosotros y por los santos, sino por los líderes de la iglesia. El salmista intercede aquí por el rey: "Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido" (v.9).  Nosotros sabemos que Dios ha instituido la iglesia y dentro de ella ha instituido pastores que necesitan las oraciones y el apoyo espiritual del pueblo como lo hicieron Aarón y Hur en la cumbre del collado mientras Josué combatía a Amalec en Refidín (Ex. 17.8-13). Los apóstoles pedían constantemente oración por ellos y por los pastores que predicaban la palabra a fin de que fuesen fieles, que hablasen con denuedo, que fuesen guardados de los enemigos de la verdad y que así la palabra corriese y fuese glorificada (Ef. 6.19-20; 1 Tes. 5.25; 2 Tes. 3.1; Heb. 13.18).  Eso es algo que todo creyente no debe dejar de hacer para que en la casa de Dios siempre haya hombres fieles que prediquen la palabra de Dios con denuedo y alimenten así el alma del pueblo de Dios y presenten el evangelio a los pecadores.

Finalmente, con belleza y precisión poética, este salmo establece que una de las marcas indispensables de un verdadero creyente es su profundo compromiso espiritual con la casa de Dios. El salmista dice: "mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos." Todo hijo de Dios cuya vida espiritual es sana, madura y robusta está completamente de acuerdo con esto.  Todos los santos del pasado lo creyeron y lo vivieron; y los creyentes en todo lugar, ayer y hoy siempre, dicen con este salmo: "escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad" (v.10). Amar a Dios es inseparable de amar la casa de Dios. Allí encontramos refugio, fortaleza y alimento para nuestra alma. Allí contemplamos la hermosura del Señor y aprendemos lo que necesitamos para honrarlo aquí y para nuestro trayecto hacia la eternidad.

El salmista concluye expresando lo que Dios es para sus hijos y lo que Él da a los le conocen y le buscan con integridad. "sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad. Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía (vv. 84:11-12). Dios da luz, protección, gloria, beneficios y alegría a los que andan íntegramente con su confianza puesta en Él.  Estas son grandes y preciosas bendiciones, pero las obtienen los que aman y usan bien este maravilloso medio de gracia que Dios nos dio: la iglesia local, y en ella, la comunión con los santos (Salmo 133).  

Cuando las Iglesias Crean su Propia Agenda

por Víctor B. García  

Necesitamos iglesias bíblicamente sólidas y puras. La vida 
cristiana sin ellas es una vida sin columna, sujeta al fracaso,  
es como querer nadar en una piscina sin agua.

Procusto tenía una casa en las montañas donde recibía a los viajeros solitarios brindándoles hospitalidad, alimento y una cama ajustada a su tamaño para pasar la noche.  Pero esa hospitalidad era peligrosa.  Cuando el cansado viajero se acostaba, Procusto lo amarraba y comenzaba a ajustarlo al tamaño de la cama según fuese necesario; si era alto le amputaba los pies, si era pequeño lo estiraba horriblemente.  Posteriormente les quitaba la vida y los devoraba. La cama de Procusto era la cama de la muerte.     

Esto es mitología griega y Procusto quizás nunca existió, pero su método para ajustar sus victimas a la medida de su cama sigue vigente.  Esto se ve en las iglesias que parecen estar amarradas a una cama de Procusto donde sus agendas son recortadas o estiradas según las exigencia de la cultura, de sus frívolos feligreses o de los inventos de sus líderes.  

La ansiedad por formar iglesias exitosas y populares hace a muchos actuar como Procusto con tal de lograr su propósito.  Pareciera que ellos piensan que la solidez bíblica se mide por los números, la solvencia financiera o el prestigio institucional.  Ciertamente, el crecimiento, el evangelismo y el liderazgo son vitales pero de nada sirven si son motivados por una sutil agenda humana.  La visión, la teología y la oración son indispensables pero  honran a Dios sólo si se someten a la medida de la Escritura.

No importa cuán impresionante sea una iglesia, un líder, un método o una experiencia; esto no tienen ningún valor cuando se violan las normas de la Escritura.  Nada ni nadie está por encima de la autoridad y la suficiencia de la Biblia.  “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías. 8.20).

La realidad de nuestros días es que las iglesias bíblicamente sólidas escasean, no por falta de música, programas o asistentes sino por su abandono de la agenda bíblica.  Y esto no es porque la agenda sea oscura y difícil de entender; al contrario, es muy clara.  1 Timoteo 3.15 la delinea breve y tersamente en cuatro declaraciones a las que toda congregación que busca verdadera solidez bíblica debe ajustarse: 1) La iglesia es casa de Dios, 2) la iglesia es la iglesia del Dios Viviente 3) la iglesia es columna (sostén) de la verdad, 4) La iglesia es baluarte (defensa) de la verdad.  

Visto desde otra perspectiva podemos expresar estas cuatro verdades diciendo que una iglesia bíblicamente sólida no es casa de hombres, no es la iglesia de un ‘dios’ creado por la cultura popular, no es columna para sostener causas y proyectos humanos, ni es trinchera para defender razonamientos persuasivos y vanas sutilezas.  La implementación practica y fiel de estas verdades tiene grandes implicaciones.  Veamos:    

1. La iglesia es Casa de Dios no de Hombres
Dios llama a la iglesia su morada, y su familia.  La llama su morada porque Él vive en cada uno de los suyos y ha prometido habitar con ellos y entre ellos cuando estos se congregan como iglesia.  Pablo habla de esto abundantemente: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?... (1 Cor. 3.17).  “El templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es…” (2 Cor. 6.16,).  “Vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Ef. 2. 19).

La presencia de Dios está garantizada a su pueblo por ‘Emmanuel, Dios con nosotros’, el Verbo hecho carne quien promete a su pueblo “donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

Si queremos estar donde Dios habita, debemos ser parte de la iglesia, respetarla, asistir a sus cultos y comprometernos unos con otros en ella.  Nuestra relación con Dios depende en gran medida de cómo nos relacionamos con la iglesia la cual Él edifica con sus propias manos.  1 Pedro 2.5 dice: “Vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” 

Ciertamente los que componemos la iglesia somos hombres y mujeres, pero el centro es Dios no el hombre. Él es el edificador de su iglesia, el que la gobierna y a quien pertenecen todo el mérito, atención y obediencia. 

Pero la iglesia no solo es morada sino también familia de Dios. Los miembros de una iglesia ordenada bíblicamente son una verdadera familia pues son sus hijos y Él es su Padre (Rom 8.15-17).  Dios ha establecido que en su familia haya orden y regulaciones, y sus hijos se someten a ese orden.  Si en nuestras casas privadas debe haber orden, ¡cuánto más en la familia de Dios! 

Todo aquel que considera a Dios su Padre manifestará la legitimidad de su pertenencia a la familia por su deseo de involucrarse gozosa y seriamente con sus hermanos.  ¿Se puede tener a Dios por Padre y rehusar, desatenderse o abusar de su familia?  No! Sin embargo, muchos lo hacen; algunos no consideran la iglesia indispensable, otros son negligentes en su compromiso con ella, otros la rebajan al nivel de un centro de mejoramiento terapéutico y otros la ultrajan usándola para engrandecerse a si mismos.  Quienes así lo hagan tendrán que dar cuenta un día al padre de familia (Mt. 24.45-51).

2. La Iglesia es del Dios Viviente no de un ‘dios’ creado por la Cultura Popular
Dios no es un concepto cultural y maleable.  Él está inmutablemente presente en ella.  Está presente en Emmanuel su Hijo, “Dios con nosotros” (Mat. 1.23); está presente por su Espíritu de quien Cristo dijo: “Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16).  Así Él cumple la promesa de su pacto: “Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:16).

El Dios de la iglesia es el eterno Dios de la Biblia; es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.  Es un Dios de amor que ama a su pueblo pero a la vez es fuego consumidor que devora a sus adversarios.  Es un Dios de gracia que salva pero también es Dios de justicia y santidad que condena.  Él muestra las riquezas de su gloria en sus vasos de misericordia que Él preparó de antemano  y demuestra su ira y su poder en los vasos de ira preparados para destrucción (Rom. 9.22-23).  El es un Dios absolutamente soberano que hace todas las cosas según su beneplácito que se propone en si mismo (Ef. 1.5, 9, 11).  Él dice: “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí… no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo” (Isaías 45:5-6).  Él responde a los opositores de su soberanía: “¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?  ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” (Romanos 9:20-21).

El Dios de la iglesia es el Dios trino. Dios Padre ha amado a sus elegidos desde antes de la fundación del mundo (Ef. 1.4-5) y dio a su Hijo por ellos (Jn. 4.14).  Él ha creado la iglesia para su gloria, “para que la multiforme sabiduría de Dios sea dada a conocer por ella a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Ef. 3.10).  Dios Hijo amó a la iglesia y se entregó a si mismo por ella (Ef. 5.25, Tito 2.14); Él es el pastor que dio su vida por las ovejas, la cabeza y el esposo que ha prometido estar dondequiera que ella se reúne o predique su Palabra (Mat. 18.20, Mat. 28.19).  En la Santa Cena la iglesia conmemora la muerte de su Salvador (1 Cor. 11.23-2). Dios Espíritu Santo confirma el origen divino de la iglesia con su poder sobrenatural que regenera a sus miembros, da poder a cada uno para mortificar el pecado, vive en ellos, les revela la Escritura que Él mismo inspiró, promueve la unidad y la paz espiritual entre ellos, les da dones y les garantiza la glorificación. 

Muchas iglesias, usando el método de 'la cama de Procusto’ ajustan la imagen bíblica de Dios a la mentalidad de la cultura consumista, autocomplaciente y profana de nuestros días que no tolera la soberanía, la justicia, la santidad y la ley del Dios Vivo.  De esta manera caen en una sutil idolatría 'evangélica'  A esto se refiere Pablo en 2 Timoteo 4:3-4 cuando dice: “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.”  Hay severas advertencias para los que creando un ‘dios’ a la medida de las presiones culturales se apartan incredulamente del Dios vivo. 
      
La iglesia del Dios Viviente es una iglesia consciente de que el mandamiento: “no te harás imagen ni ninguna semejanza…” no solo prohíbe las imágenes de bulto sino también las imaginaciones y conceptos mundanos y sentimentales de Dios así como los inventos y caprichos en la adoración. 

3.  La iglesia es columna (sostén) de la verdad no de proyectos humanos
La verdad no prevalecería sin la columna que es la iglesia.  Si la iglesia desapareciera, la verdad caería y el mundo quedaría sin esperanza. Pero la iglesia no desaparecerá pues Cristo ha prometido que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mat. 16.18, 1 Pedro 1.25, Ef. 3.21).  La iglesia es columna en varias formas: 
  • Dios preserva su verdad en ella y a través de ella (1 Tim. 4.16; 6.13-14).  El inspiró sobrenaturalmente a sus profetas y sus apóstoles para entregar las Escrituras, y a su pueblo le da el Espíritu para que la comprenda, la ame y la predique fielmente. 
  • La iglesia proclama el Evangelio y administra la verdad y los medios de gracia: No hay otra institución en la tierra llamada y capacitada para pregonar el evangelio, el medio de Dios para regenerar a los pecadores (Rom. 10.17).  Sólo la iglesia ama la verdad la cual administra y preserva a través de sus miembros quienes se alimentan y fortalecen con los medios de gracia de los que participan cuando se congregan.  Por eso la iglesia es llamada la madre de los creyentes (Gal. 4.26). 
  • En ella se inicia y sanciona el evangelismo y a los predicadores (Hech. 13.3).  Es en la iglesia donde nacen, se forman y de donde salen los predicadores ungidos de Dios para pregonar su verdad. 
  • Ella preserva y protege la comunión y la santidad de los hijos de Dios  Por eso tiene autoridad para juzgar y disciplinar espiritualmente a sus miembros (Mat. 18.17-18; 1 Cor. 5.2; 2 Tes. 3.6-15).
 La función de la iglesia es espiritualmente indispensable.  Cuando la iglesia no ocupa el lugar que le corresponde, tanto la verdad como la vida del pueblo de Dios peligran.  Sin iglesias sanas y solidas la verdad es malinterpretada, comprometida o ignorada.  La verdad no procede de la iglesia, pero ella le da estabilidad y permanencia.

La iglesia tiene que ver con los intereses de Dios no de los hombres.  Aquí no hay lugar para proyectos o imperios humanos; aquí no debe haber jefes, estrellas, artistas, políticos, tiranos, ni hombres que merezcan veneración.  Las causas y ambiciones sociales, políticas, financieras, artísticas, religiosas o personales no tienen absolutamente ningún lugar preponderante en ella.  Todo lo que se hace es con el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, con humildad, espíritu de servicio, modestia y enfoque en la eternidad.     

A pesar de esto hay muchos que hacen mercadería con la verdad.  A estos se refiere Romanos 16:18 diciendo: “tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos."  Pablo advierte al respecto: “por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal"  (Filipenses 3:18-19).  Ezequiel tiene una palabra para estos: “¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños?” (34:2).   

4. La iglesia es baluarte (defensa) de la verdad, no trinchera para razonamientos persuasivos y vanas sutilezas   
La iglesia como columna sostiene la estructura de la verdad, pero como baluarte la defiende contra el error y los ataques de sus enemigos.  No es una simple institución social u organización estratégica; es una trinchera, un cuartel militar, un ejército de guerreros que pelean contra el pecado, el error, el mundo y la carnalidad remanente de nuestro corazón.  La iglesia no tiene lucha contra sangre y carne sino contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra malicias espirituales.  Por eso ella pelea con la oración, con la Biblia, con el testimonio santo de sus miembros, con el poder del Espíritu y con Jesucristo como su supremo comandante.  Pablo dijo: “Pelea la buena batalla de la fe” (1 Tim. 6.12); Judas nos exhorta a contender, “eficazmente por la fe una vez dada a los santos” (Jud. 3). 

La promesa de Dios de que las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia nos da confianza y aliento para no desmayar en esta batalla sin tregua.  Las organizaciones humanas no permanecen, pero la iglesia sí porque no es una institución humana, y Dios la defiende porque a través de ella Él defiende su verdad. 

De modo que todas las sutilezas, filosofías huecas, doctrinas de hombres, herejías e ideas desviadas serán desechadas, y sus promotores y seguidores serán avergonzados.  Aquellos lobos rapaces que entran en medio del rebaño para hablar cosas perversas, los falsos maestros que vanamente hinchados por su mente carnal no se asen a la Cabeza sino que siguen a espíritus engañadores y doctrinas de demonios serán juzgados y hallados faltos.  “Jehová defenderá al morador de Jerusalén; el que entre ellos fuere débil, en aquel tiempo será como David; y la casa de David como Dios, como el ángel de Jehová delante de ellos” (Zacarías 12:8).

Usemos nuestras energías en una iglesia local, fiel a 1 Timoteo 3.15 y a todo el consejo de Dios, que sea una familia ordenada, centrada en Dios, pregonando al Dios de la Biblia y promoviendo su causa y su verdad sin agendas ocultas de hombres.   

No debemos acomodarnos a iglesias amarradas a 'la cama de Procusto', iglesias donde la verdad es reducida o alargada para propósitos humanos pues al final nada aun los beneficios y el bienestar que se consigan serán engañosos.  Alejemos de los ministros que se ponen a jugar el papel de Procusto alargando o acortando las medidas que Dios ha establecido para la iglesia y cambiando la agenda establecida divinamente por las suyas propias.   

Necesitamos iglesias sólidas y puras.  La vida cristiana sin ellas es una vida sin columna, sujeta al fracaso; es como querer nadar en una piscina sin agua.  ¡Que Dios nos de iglesias así!  

"No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad" (3 Juan 1:4). 
"Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre" (Hechos 20:28).