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Cristianos Que Esconden Su Luz



Cristianos, no esperemos ser elocuentes o sentir algo especial para hablar el evangelio a los inconversos.  Nuestro privilegio es ser testigos, no convertir a nadie; y nadie puede ser testigo de la justicia gratuita, la gracia y el amor de Dios sino los que somos salvos por gracia: "Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero." 1 Timoteo 1:15  

 ¿Qué diría un inconverso reflexivo sobre los cristianos que no comparten este supremo mensaje?  Diría más o menos lo siguiente que escribió James Smith en  1862 (Traducido de un correo enviado por Johnny Farese: www.farese.com). 

"Yo no creo que ustedes los cristianos crean su propia doctrina - si estuviesen persuadidos de que las cosas son realmente como sus biblias lo enseñan y que nosotros, los pobres perdidos, realmente nos encaminamos hacia un lugar tan terrible como dicen que es el infierno, entonces actuarían con más compasión.

"Si viesen una casa incendiándose correrían a ayudarnos para apagar el fuego; o si nos vieran en peligro de muerte tratarían de hacer algo para salvarnos.  Pero ustedes dicen creer que vamos hacia un infierno que arde con fuego y azufre por la eternidad del cual no podremos salir nunca, una vez que lleguemos allí , sin embargo, hablan con nosotros sobre cualquier cosa pero nunca nos dicen una palabra acerca de la salvación de nuestras almas y de esta terrible condenación. 

"Eso me hace pensar que ustedes los cristianos no creen lo que dicen, o que son los más indignos, cauterizados y despiadados individuos en el universo. En realidad, como no creo que
sean tan crueles, duros e inhumanos como pareciera, debo concluir que en vista de todo lo que dicen creer, lo que sucede es que en realidad no creen lo que sus biblias enseñan.  

"Y es que si en verdad ustedes creyeran lo que dicen sobre el pecado, el infierno y el peligro en el que estamos, actuarían diferente.  Y si tuvieran una chispa de compasión en sus corazones, tratarían de salvarnos de tan espantoso destino. Por otro lado, si no creen lo que profesan, entonces no son honestos; y por decir poco, debe haber mucha hipocresía entre ustedes.  

"Ahora, con toda honestidad les digo que estas son las cosas que más me hacen tropezar, y hasta que no vea a un cristiano actuar diferente, no podrán persuadirme para que crea lo que dicen."    

¿Qué Será de Tí Si Mueres Sin Haberte Convertido?


Por Richard Baxter (1615 – 1691)
¿Qué sería de ti si Dios te cortase la vida, sin haberte convertido? ¿Dónde crees que estarías en este momento si esto sucediera? ¿No lo sabes? ¿No conoces lo que dice la Biblia? ¿O no crees lo que Señor Jesús dice? Si no lo sabes, yo te lo diré. Sin duda, tan cierto como ahora estás en la tierra, estarías ahora en el infierno. ¡Y todas las oportunidades que Dios te dio y que despreciaste testificarían en contra tuya!

Si Dios hubiese planeado cortar tu vida, lo habría hecho igual con un pedazo de pan, un trago de agua, un mal movimiento, una caída, o la patada de un caballo. Cualquier enfermedad bastaría para enviar tu alma culpable y descuidada a la eternidad; ¡Y te aseguro que no sabes cuán aterrador será para los inconversos comparecer ante Dios!

Es asombroso cómo la muerte cambia las cosas. Imagina cómo será después de haber vivido en este mundo encontrarte de repente en el otro mundo entre ángeles y espíritus de todo tipo. Aun los piadosos son asaltados por sobresaltos, inquietudes e incógnitas acerca de esa transición   Esto se debe a que a la vida después de la muerte es algo inexplorado. Pero esta inquietudes se disiparán para ellos cuando encuentren alli al salvador que venció la muerte por ellos, y cuando reciban de Su mano el gozo y la gloria prometidos. Sin embargo, para los impíos la sorpresa será otra: miseria, soledad y tormento eterno. 

¡Oh queridos amigos! Qué terrible será su condición si mueren sin haberse convertido. Sus corazones no pueden concebir ni la milésima parte de la miseria que estarían experimentando ahora si ya se hubiesen ido de este mundo sin Cristo. 

Han vivido toda su vida expuestos a este peligro, ¿Y piensan seguir viviendo así? Que Dios no lo permita. ¿Acaso después de que la maravillosa misericordia de Dios los ha librado de morir e ir infierno sin arrepentimiento, dándoles tiempo para que lo hagan, piensan seguir viviendo la misma vieja vida?

Cuando veo a alguien así, pienso en Lot, quien aunque los ángeles le urgían que saliera de Sodoma, titubeaba por causa de sus hijas, de su mujer y de sus posesiones materiales, hasta que los mismos ángeles tuvieron que sacarlo (Gen. 19). 

Dios te está urgiendo para que huyas de la Sodoma de tus pecados. Pero hasta ahora has titubeado. ¡Oh, que el Señor tenga misericordia de ti y ponga Sus manos en tu corazón para arrancar de ti el amor al mundo y a la impureza!  Me siento responsable y por eso te ofrezco esta advertencia: Escapa por tu vida ahora; no mires detrás de ti; no te detengas, no sea que perezcas en tu negligencia.


Advertencia Urgente y Compasiva a los Inconversos


(De “Un Tratado Sobre la Conversión” por Richard Baxter)
 Amados lectores, no vengo con mis ideas, ni en mi nombre, ni a mis negocios; vengo en el nombre de Cristo a tratar sobre la salvación de sus almas.  Pronto estaremos en el otro mundo enfrentando el juicio de Dios, y mi interés es que ustedes estén preparados para ese día, y que al llegar ante el gran Juez lo hagan con confianza, sin el terror y el asombro que sobrecogerá a los inconversos al encontrarse ante la ira divina.  Espero que se den cuenta que esto no es un juego, y que mi tema no es fantasioso ni trivial; y espero que al entender la condición de sus almas y mi responsabilidad como ministro del Evangelio, sabrán tolerar mi fervor y persistencia.   

Aborrezco la predicación que omite lo verdaderamente trascendente, y que en lugar de buscar el alivio de los que viven en la miseria, sólo le endulzan el oído a la gente.  Si su casa se estuviese incendiando, sería un crimen si yo me pongo a silbar y a danzar cuando debería estar apagando el fuego.  Si los veo ahogándose en un barco que naufraga, no sería sabio ponerme a predicarles un sermón erudito cuando debería estarlos rescatando del peligro.  Debo decirles que no me interesa impresionarlos con palabras refinadas y amenas, pues lo que busco es ayudarles a salir de la miseria de la vida inconversa.

Sé que para muchos el abismal peligro de una fatal destrucción significa poco; por eso vengo a requerirles en el nombre del Señor que se detengan, que no avancen más en los caminos del pecado, que consideren su condición y que se vuelvan a Dios.  ¿Vives en ignorancia, indiferencia y mundanalidad? ¿Acaso no te das cuenta que Dios debe ser dueño de tu corazón? ¿No sabes que tienes un alma inmortal?

Despierta y mira hacia la eternidad, levanta el ojo de la fe y mira lo que hay en ella: gozo o tormento eterno.  ¿Has vivido para la carne, como si no hubiese nada de qué preocuparse? ¿Piensas que es exagerado prepararse para la eternidad?  En una palabra, ¿Está tu corazón más arraigado a la vida presente en la tierra que a la futura con Dios en el cielo?  Si esto es así, no te engañes con vanas esperanzas. No tardes un solo día más; vuélvete ahora de tu error y cree a la Palabra de Dios, no sea que venga destrucción.  Dios dice, “si vives conforme a la carne, morirás” (Rom 8.13).  “He aquí, los que se alejan de Dios perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta” (Sal. 72.27). ”Donde está tu tesoro, allí estará su corazón” (Mat. 6.21).

¿Qué dices a esto? ¿Renunciarás a los deseos de la carne, al amor al mundo, a la negligencia, al descuido y a la impiedad, o no?  ¿Dejarás de tolerar una vida de muerte espiritual, en amistad con el pecado poniendo en peligro tu alma? ¿Te someterás al poder del Espíritu para convertirte? ¿Dejarás de resistir a la gracia que te puede rescatar?  Te pido que no seas sordo a este llamado.  Deja a te corazón responder: Sí o No.

¿Se atreve alguno a decir que no? Espero que tú no. Pero si tu corazón calla, es como decir no.  No me hables de tus deseos y propósitos apáticos, ni me digas que algún día dirás sí. Esos vacilantes y mediocres deseos han llevado a miles de almas a perecer en la miseria infinita.  Dios espera resoluciones firmes e inmediatas.  ¿Qué dices a esto? ¿Estás resuelto a volverte a Dios o no?  Piensa bien lo que responderás, porque Dios te ve y conoce tu corazón. No caviles entre dos pensamientos; si Baal es Dios, síguelo; si la carne y el mundo te hacen feliz, síguelos. Pero si el Señor es Dios, síguelo a Él (1 Reyes 18.21).
                                     
No me evadas diciendo que mañana u otro día te convertirás, como si ahora no fuese el tiempo, o no pudieras dejar tu pecado ya.  Ninguna resolución es sincera si no es inmediata; el que tolera su pecado un día más, lo hará un año más, o siete, o hasta el final de su vida.  El que no se acerque a Cristo hoy, no lo hará nunca de su voluntad.  Nadie ama a Dios si no lo hace deseando ser como Dios quiere que sea.  Así que, de nuevo pregunto, ¿Estás resuelto a volverte de inmediato, o no?  Este es el tema que he venido a tratar, y no estoy dispuesto a dejarlo a medias, a menos que respondas positivamente que te volverás a Dios, o que me presentes tu categórica y vergonzosa negativa.


Mis palabras te dejarán mejor si te conviertes. Pero si no, te dejarán peor, pues ya no tendrás excusas como las que tenías antes de escucharme; y la respuesta negativa que des hoy será testigo en contra tuya en el día del juicio.

La Pluralidad Religiosa y la Analogía del Elefante

Por Víctor B. García  
 
El pluralismo y la tolerancia era la atmósfera dominante en el imperio romano durante los primeros siglos de nuestra era cuando la iglesia estaba en su infancia.  Había diversidad de culturas, nacionalidades y religiones; irónicamente, sin embargo, en medio de tanto pluralismo y tolerancia los cristianos eran despreciados y perseguidos.  Frente a esto Justino Martir, un escritor, defensor del cristianismo en esos fatídicos días le preguntó al emperador, “¿Por qué somos injustamente odiados más que todos los demás?” 

Lo mismo sucede en nuestros días.  Vivimos en una sociedad que profesa ser pluralista y tolerante, sin embargo los cristianos son despreciados y ridiculizados como si fuesen gente ignorante y estrecha de mente por creer en la existencia de la verdad.  Es más, el cristianismo es considerado peligroso por sostener la convicción que la verdad es absoluta y exclusiva.  Los pluralistas religiosos dicen que esa creencia es estúpida y arrogante; su advertencia para los cristianos es que se adapten a esta sociedad pluralista o se atengan a ser desechados por irrelevantes. 

Ellos dicen que las distintas verdades religiosas o filosóficas son ángulos diferentes de una misma cosa como en la historia de los ciegos que tocaron un elefante y se pusieron a discutir sobre su forma.  El que tocó la trompa alegaba dogmáticamente que el elefante es un animal flexible y largo; el que tocó el estomago decía que es como una pelota gigante; el que tocó la pierna afirmaba que es grueso y redondo; el que tocó la oreja decía que es plano y delgado.  Cada uno formó su propia religión o filosofía acusando a los demás de estar errados, pero no se daban cuenta que por su ceguera sólo veían una parte de la realidad completa del elefante.   

El problema con esta ilustración es que hace lo mismo que busca criticar--una afirmación exclusivista.  Quienquiera que la diga se pone en una posición ventajosa y arrogante.  Todos son ciegos, menos él; sólo él ve y conoce la verdad sobre la forma del elefante. 

Es aquí donde está la falla del pluralismo que detesta la idea de la verdad absoluta y ataca al cristianismo como intolerante y fanático; su visión es esencialmente religiosa y hace afirmaciones absolutas para negar que existe la verdad absoluta y para explicar la realidad suprema en sus propios términos.  Ellos pueden referirse a su posición como filosofía, realidad o cosmovisión--lo que quieran--pero es una suposición exclusivista acerca de la verdad.  Sería mas honesto que en lugar de despreciar y escarnecer el cristianismo con estos ridículos argumentos escucharan sus evidencias con una mente sin prejuicios, y si no están de acuerdo que lo dijeran con respeto.       

¿Cuál es tu Excusa Para Rechazar el Evangelio?

(Fragmento de un sermón de Spurgeon titulado: “La Responsabilidad Humana.”)

Me parece oír a alguien diciendo, “Yo he oído muchas predicaciones, pero nunca he visto un buen testimonio.”  Puede que algunos digan eso con cierta razón, pero estoy seguro que la mayoría mienten. 

Te gusta criticar las inconsistencias que ves en ciertos cristianos y dices: “yo conozco a esta y a otra persona que se dicen cristianos y no viven lo que predican.”  Es penoso cuando esto sucede, pero ¿no hay alguien a quien tú conoces muy bien y sabes que sí vive que cree?  ¿No la recuerdas?  Es la mujer que te trajo al mundo.  Ella ha siempre arruina tus excusas.  Que fácil te sería rechazar el evangelio si el ejemplo piadoso de tu madre no te estorbara.  ¿No recuerdas entre tus primeras memorias que al abrir tus ojos por la mañana veías su amoroso rostro contemplándote con una lágrima en sus ojos y orando, “Dios, bendice a mi niño, que algún día conozca a Cristo como su redentor”?  Estos ejemplos te dejan sin excusa.  Así que, si continúas rechazando a Cristo ¡cuán terrible será el peso de tu condenación! 

Algunos me dirán que no tuvieron una madre así.  Su primera escuela fue la calle, y su único ejemplo fue el de un padre blasfemo.  Sin embargo, acuérdate que a pesar de eso hay un ejemplo perfecto que es el Señor Jesucristo.  Tú haz oído  de su santidad aunque nunca lo hayas visto.  Jesucristo, el hombre de Nazaret, fue un ejemplo perfecto; Él nunca hizo pecado, ni hubo engaño en su boca.   Si jamás has visto a un cristiano que sea digno de ese título, lo tienes en Cristo.  Así que si te atreves a decir que no hay ejemplos, estás apoyándote en una mentira porque el ejemplo, las obras y las palabras de Cristo te dejan sin excusa para tu pecado.

Me parece oír otra excusa: “He oído muchas predicaciones pero jamás he sentido nada.”  En realidad, no muchos pueden decir eso.  Algunos dirán, “He oído al pastor, pero jamás me ha impresionado.”  Pero en el día del juicio yo testificaré contra muchos que dicen eso, porque no es cierto.  ¿No he visto yo lágrimas en los ojos de ustedes mientras escuchan la Palabra? 

No, ustedes no desconocen lo que es ser impactados por el evangelio.  Ahora se han endurecido, pero no siempre ha sido así.  Ha habido momentos en que han sido susceptibles.  Recuerden que los pecados de su juventud los consumirán si continúan rechazando el evangelio.  Su corazón se ha endurecido, pero eso no los excusa.  Ustedes han sentido el impacto de la verdad.   Ahora mismo muchos pueden sentir el impacto de la verdad, y mientras oyen estas palabras se angustian pensando en sus iniquidades y quisieran venir a Cristo y luego ir y encerrarse en su cuarto y clamar su misericordia. 

Hubo alguien que le dijo a un ministro cuán impresionante era ver a la gente llorando durante el mensaje.  “Hay algo más impresionante que eso,” le dijo el ministro, “y es que muchos, después de que termina el servicio, se olvidan por qué estaban llorando.”  A ti probablemente te suceda eso, y después del servicio se te olvidará lo que estás sintiendo ahora.  Pero si eso pasa, Dios sabe que el Espíritu te redarguyó, y algún día Él te pedirá cuentas por eso.  Él ha puesto en tu camino señales que gritan: “¡Atiende a mi advertencia!  Estás corriendo desenfrenadamente en el camino de la iniquidad.”  Hoy mismo yo vengo a ti en el nombre de Dios para decirte, “¡Detente! dice el Señor, considera tus caminos. ¿Por qué morirás?  Vuélvete a mí.  ¿Por qué morirás, oh casa de Israel?”

Alguien puede estar diciendo, “Sé que el evangelio es verdad y hago mal en rechazarlo, pero yo no se qué hacer para ser salvo”   Espero que tú no te atrevas a poner esa excusa. ¿Acaso no has oído el mensaje que dice: “Cree y tendrás vida”?  Tú que lo has oído por diez, veinte, treinta y hasta cuarenta años; no digas, “Yo no sé lo que es el evangelio” porque desde tu niñez has sabido la verdad.  El nombre de Jesús sonaba en tus canciones infantiles.  Has bebido el evangelio desde el pecho de tu madre y a pesar de eso no has buscado a Cristo.  Los hombres dicen: “Conocer es poder.”  Pero, ¡ay! Cuando el conocimiento del Evangelio no se pone en práctica, este se convierte en condenación e ira.

Si después de oír estas cosas y de sentir lo que has sentido, lo haces todo a un lado, que así sea.  Si después de que en tu corazón se comenzó a encender el fuego de la gracia tú lo apagas, que así sea, pero recuerda que tu sangre será sobre tu cabeza y tus iniquidades caerán sobre ti.

Mientras no te Conviertas Estarás Sirviendo a Satanás

por Richard Baxter 

Seguramente tú no crees esto y talvez te ofenda oírlo, pero es Dios quien lo dice en Su palabra: mientras no te conviertas eres cautivo de Satanás y es él quien guía tu vida. En el mundo hay solo dos clases de personas: los esclavos del pecado y los esclavos de Cristo. Sólo hay dos ejércitos: Satanás es el general de uno, y Cristo es el del otro.  

En su primer ataque contra el hombre, Satanás derrotó a Adán nuestro padre al inducirlo a pecar, poniéndolo bajo su dominio, no sólo a él sino a sus descendientes. Por eso vino Cristo al mundo, para deshacer las obras del diablo (1 Juan 3.8). Y Cristo deshace las obras del diablo a través de la conversión de los hombres.

De manera que mientras no te conviertas seguirás siendo un esclavo de Satanás y sólo a través de la conversión podrás ser libre y llegar a ser un hijo o una hija de Dios.

¿Qué piensas de esto? ¿No crees que es terrible ser esclavo de Satanás? Si no crees lo que la Biblia dice sobre esto, al menos examina tu corazón y allí podrás descubrir y sentir esta verdad. ¿No sientes cómo tu voluntad está inclinada a hacer lo malo? ¿Cómo tu corazón te guía hacia la mundanalidad, a los hábitos dañinos, a la malicia, al orgullo y a los placeres pecaminosos? Dios pide que le des tu corazón y tú no respondes. Él te llama a ocuparte de lo eterno y tú no te ocupas. En cambio, descuidas tu alma por un poco de placer mundanal.  Esas son las señales de alguien que es esclavo del diablo.

Escucha lo que dice la Biblia: “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavo para obedecerlo, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia?” (Rom. 6.16).  “El que practica el pecado es del diablo. En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo; todo el que no hace justicia, y que no ama a su hermano no es de Dios” (1 Juan 3.8).

El significado de estos pasajes es que aquellos cuya vida y corazón se inclinan al pecado, a sus deseos carnales y al mundo, son del diablo, y los que se inclinan a lo santo son hijos de Dios. 2 Pedro 2.19 dice, “el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció;” y 2 tim. 2.26 dice que los inconversos están atrapados “por el lazo del diablo, en el que están cautivos a voluntad de él”.  Hechos 26.18 dice claramente que los que se convierten son librados de la potestad de Satanás  a Dios.  Así que tú puedes ver cuán claramente la Escritura enseña que hasta que una persona se convierte, ésta se halla bajo el poder de Satanás.  

Quizás tú no percibes lo miserable de tu condición, pero eso no es extraño porque Satanás, “el hombre fuerte” suele mantener en paz a sus siervos hasta que “el más fuerte”—Cristo—trae liberación a través de la conversión (Lc. 11.21). ¡Si te pudieras dar cuenta cuán cerca estás de Satanás! Entonces querrías cambiar de amo.

Si Satanás se te apareciera visiblemente, estoy seguro que tus piernas temblarían y tu carne se erizaría de miedo. ¿Y cómo no te da miedo ser gobernado por él? ¿Cómo no te aterroriza pensar que estarás con él eternamente? Aunque no lo veas, tú estas bajo su control, y eso debería horrorizarte.  ¡Si supieras que es el mismo diablo quien te hace dudar de la Escritura, contradecirla, y ser indiferente a ella! 

Estoy seguro que tú te horrorizarías si oyeras su voz diciéndote: “Ve a emborracharte o a tener sexo ilícito” Pero, ¿no te das cuenta que cada vez que piensas así, es él quien te lo dice? Tu corazón es la madre de esos pensamientos, pero Satanás es el padre. Cuando tú piensas que el pecado no es tan grave como los predicadores dicen, que Dios no va a condenar a los inconversos sino que los salvará aunque vivan en el pecado, que todo esto es exageración y fanatismo, esto no es otra cosa más que el diablo actuando en tu mente como si lo estuvieras oyendo a viva voz.

Él es quien te incita a disfrutar del pecado y el mundo, y te dice que no temas, que si te haz de convertir no tiene que ser ya.  Él es el que te hace odiar a los que procuran tu conversión, y hace que te burles de los que temen a Dios. Es él quien te hace perder el tiempo, especialmente en el Día del Señor, y te hace hablar obscenidades, insultos y mentiras, y el que te hace amar la vanidad.  La escritura dice que esto es así, (1 Juan 3.8).  Al autor se le conoce por su obra, y una obra tan mala no puede tener mejor autor que Satanás.  

Piensa donde estás, y cuál es tu condición. ¿Sabias que estás bajo el dominio de Satanás? ¿Cómo puedes dormir y vivir tan tranquilo y descuidado estando en esta condición?
         
Si un hombre secuestrado por criminales y torturado en un calabozo oscuro y sucio, fuese liberado. ¿No crees que estaría agradecido con su liberador?  Sin embargo los siervos de Satanás son siervos voluntarios que rechazan al Cristo que quiere liberarlos. Si tú lo rechazas, tendrás lo que te mereces, pues estás escogiendo seguir cautivo. Cristo ha dado su sangre para liberar a pecadores como tú pero tú no lo aceptas. El ha muerto en la cruz, ha enviado predicadores, ha enviado su Espíritu. ¿Qué compasión se puede tener de alguien así en el día de su condenación eterna?

Es extraño como la gente dice que odia al diablo, y sin embargo aman servirlo porque aman el pecado. Ellos dicen que no quieren nada con él, pero le obedecen. Tu le odias a él pero amas el pecado por que te da placer, sin darte cuenta que es él quien te lleva a pecar. Si te dieras cuenta, renunciarías

¿Qué harás? ¿Renunciaras al diablo y te convertirás a Dios o rechazarás a Dios y seguirás siendo un servidor de Satanás?

Evangelismo Estilo “Puritano”

La más grande necesidad en el mundo hoy no es comida, ayuda social o consejería.
sino el retorno a una predicación poderosa que presente fielmente la verdad con el vigor,
el denuedo y la unción del Espíritu.  Esa es la predicación que el mundo necesita.

Vivimos en una época que enfatiza el evangelismo mundial, pero si hemos de hablar de evangelismo bíblico, los puritanos tienen bastante que enseñarnos. 

 Muchos creen que los puritanos no evangelizaban por que eran calvinistas y creían que los hombres son incapaces de arrepentirse por sí mismos y creían en la predestinación y en la redención particular (que Cristo vino a morir sólo por sus elegidos). 

¿Acaso esto no  los hacia pensar que era innecesario predicar? ¿no los restringía y hacía sus predicaciones contradictorias?  La respuesta es no.  ¿Por qué? porque ellos imitaban a los apóstoles, y veían la predicación desde una perspectiva bíblica.   

            Para los puritanos, la predicación era el método de Dios para salvar a los incrédulos y hacer crecer la iglesia.  De modo que consideraban que la predicación no sólo tenía que proclamar todo el consejo de Dios sino debía ser evangelística.  Por eso su predicación era tanto doctrinal como evangelística.
   
        Los puritanos entendían que las buenas nuevas de salvación no son una formula simplista de tres o cuatro puntos.  Para ellos el evangelio de Cristo no estaba divorciado del resto de la revelación plena de las Escrituras.  Y esa revelación plena a la que llamamos “La Palabra” siempre es evangelística, ya sea explícita o implícitamente.  Al hablar de predicación evangelística los puritanos se referían una predicación que incluye un llamado a volverse a Dios en arrepentimiento y fe.  Su concepto de la predicación era que debía ser hecha de forma que “la gente sienta que la Palabra de Dios es viva y poderosa, y que si hay algún incrédulo entre los oyentes, la Palabra haga manifiestos los secretos de su corazón y le haga dar gloria a Dios.”

            Los puritanos no solamente presentaban el evangelio; ellos lo ofrecían, implorando, razonando, urgiendo y apelando a todas las facultades del pecador.  Su predicación iba dirigida a la totalidad del ser de sus oyentes—mente, corazón, conciencia, memoria y voluntad.  

Si eso no les funcionaba, no tenían más a que recurrir.  No le pedían a nadie que levantara la mano, que pasara al frente o que firmara una tarjeta de decisión.  Si la predicación no funcionaba ellos no apelaban a nada más. 

Pero ellos sabían que la predicación sí funciona porque creían que a Dios le agradó salvar a los creyentes por la locura de la predicación.  La predicación era suprema para ellos pues la veían como el medio por el cual Dios regenera al pecador.  Así que ellos no veían ni usaban más estrategia que predicar y orar.   Por eso eran predicadores poderosos.     

            Es cierto que las doctrinas calvinistas mal manejadas pueden conducir a la falsa idea del hiper-calvinismo que mal entiende la soberanía de Dios y se niega a ofrecer abiertamente el evangelio a todos los hombres.  Según los hiper-calvinistas, esto no se debe hacer pues el evangelio es sólo para los elegidos, los cuales, tarde o temprano, van a ser salvos soberanamente.  Los puritanos (con pocas excepciones) no cayeron en ese error.

            También está la falsa idea del arminianismo, que afirma que el hombre es capaz de creer por sí mismo.  Los arminianos piensan que si el hombre no tiene la capacidad natural de creer, Dios no le pediría que creyera. Según ellos no es Dios sino el pecador quien decide si éste ha de ser salvo o no. Por eso la influencia arminiana hace que no baste la predicación e inventa tácticas, estrategias y planes para convencer al pecador: pasar al frente o levantar la mano en medio de una atmósfera creada con música, testimonios o apelaciones que dobleguen emocionalmente al auditorio.  Los puritanos rechazaron y combatieron esta doctrina.

            El secreto de los puritanos estaba en que fueron consistentes en enfatizar la responsabilidad humana junto con la soberanía divina sin tratar de racionalizar cada pequeño detalle.  Ellos entendían el concepto bíblico de que la regeneración precede a la fe, o sea que para que el pecador crea tiene que nacer de nuevo por la Palabra y el Espíritu.  Por eso es que nunca llevaban registros y estadísticas de los que “aceptaban a Cristo,” como se hace hoy.  Su meta no era atraer gente y llenar las sillas de la iglesia sino era ver gente convertida, que se comprometiera con Dios, con su Palabra y con la iglesia. 

No conocían la idea de “cristianos carnales” ni consideraban cristiano a cualquiera que iba a la iglesia y se comprometía a medias.  Ese tipo de “cristianos” no se veían en sus iglesias.   Su predicación era una poderosa apelación al hombre total para que al nacer de nuevo se convirtiera, creyera y se entregara a Cristo totalmente.  Si eso fallaba, lo demás no lograría más que una decisión temporal que engañaría a la gente haciéndole creer que era salva sin haber sido regenerada. 

            Es esencial que contendamos por la verdad sin descuidar ninguno de sus aspectos.  Dios es soberano pero el hombre es responsable, y si estas verdades se predican fielmente, Dios nos honrará. 

            Vemos pues que la predicación es tan vital y suprema porque es el método divino para alcanzar y regenerar a los pecadores.  No nos atrevamos a menospreciarla.  Oremos por nuestros predicadores, para que sean como los puritanos en su pasión por Dios, por la predicación y por la salvación de los incrédulos.  

¿Por qué la Gente no Cree en el Señor Jesucristo?


En Agosto 2004, un artículo en la revista GQ titulado “Bush: Los Años Perdidos” afirma que durante los años 1972 y 1973, antes de ser presidente, George Bush trabajó como espía en la China donde se infiltró en el gobierno e incursionó Vietnam para una misión sumamente peligrosa.  El artículo afirma que Bush domina los idiomas chino, ruso y árabe, y que enseñó a los guardaespaldas del príncipe de Mónaco a disparar rifles de asalto vistiendo trajes de etiqueta sin ensuciarse, pero que no puede hablar de esto porque es información secreta.  

            Por supuesto, esto no es verdad; es una sátira de la revista para divertir a sus lectores.  Sorprendentemente, mucha gente lo creyó y en cuestión de días, el artículo comenzó a causar sensación, no sólo por lo absurdo del tema sino por la cantidad de creyentes que logró.    

            Esto muestra que vivimos en una época de fe y que la gente está dispuesta a creer.  Hay creyentes para todo.  Por supuesto, la gente cree sólo lo que le interesa, le conviene o le cautiva como los que creen en el horóscopo, en los ovnis, o en que Elvis Presley vive.  Si hay tanta fe, ¿por qué la gente no está dispuesta a creer en el Señor Jesucristo? 

            Esa falta de disposición para creer en Cristo ha existido siempre, no es asunto moderno.  Mucha gente que oyó a Cristo personalmente, que vio su vida santa y supo que las Escrituras profetizan de Él, rehusaron creer.  A estos Él dijo: “No queréis venir a mi para que tengáis vida…yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís, si otro viniere en su propio nombre a ése recibiréis (Juan 5. 39-40).  Así que, hoy como ayer, la gente está dispuesta a creer, pero no en Jesucristo.    

            No es que no entiendan su enseñanza, que Él ponga condiciones imposibles, que haya motivos lógicos, morales o prácticos para rechazarlo, o que falten evidencias de que Él es verdadero.  No es que los hombres sean incapaces de creer.  Es que no quieren creer.  ¿Y por qué no quieren?  ¿Por incapacidad mental o física?  No. 

Veamos lo que dice Spurgeon al respecto:
Déjame decir que la inhabilidad del hombre para creer en Cristo reside en su naturaleza.  La caída y el pecado degradaron y corrompieron tanto la naturaleza humana, que a esta le es imposible desear venir a Cristo sin la ayuda del Espíritu. Vean cómo las ovejas se alimentan de pasto; ustedes nunca las verán buscando carroña.  Yo no podría pastorear un lobo porque no se le puede domesticar ni se le puede hacer comer pasto. Su naturaleza es contraria a estas cosas.  Ustedes dirán: ‘Pero tiene orejas y piernas como las ovejas; ¿acaso no oye si se le llama y no puede caminar hacia donde está el pastor?’  Si puede; físicamente no hay razón por la que un lobo no  pueda ser pastoreado, pero su naturaleza se lo impide, y  por lo tanto, aunque puede oír y caminar, nunca responderá a la voz de un pastor porque su naturaleza es contraria a eso.  ¿Pero acaso no se le puede domesticar y desarraigarle su fiereza y bestialidad?  Quizá se le pueda subyugar, pero siempre habrá una diferencia entre un lobo y una oveja porque son de diferente naturaleza.

Así sucede con los hombres; ellos rechazan a Cristo no por incapacidad mental o física sino porque ellos en su naturaleza no tienen la voluntad ni el poder de venir a Cristo, a menos que sea por el Espíritu.  Los hombres podrían venir a Cristo si quisieran, pero su problema es que no quieren; podrían creer si tuvieran la disposición, pero no la tienen, y no la pueden tener porque no tienen poder para querer.  Les falta el querer y el poder para querer; son inhábiles por causa de su naturaleza carnal.

            Pablo dice: “Los que son de la carne, piensan en las cosas de la carne… y los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios ni tampoco pueden” (Rom. 8.5 y 7).  La voluntad del hombre carnal es obstinada en su rechazo a Cristo.  Su mente está entenebrecida, sus sentimientos desviados y su conciencia arruinada por el engaño del pecado. 
                       
¿Quiere decir esto que la más grande razón por la que los hombres rechazan a Cristo es por que no quieren, no por que no pueden?  Exactamente.  La más grande razón para su rechazo es su obstinación; los hombres no quieren ser salvos.  Además de eso, no tienen poder para querer.  Así que no tienen deseo, ni poder para desear.  Están muertos en delitos y pecados.  No tienen voluntad. No quieren, son esclavos de sus deseos en contra de Dios. 

Es por eso que la salvación es del Señor, no de los hombres.  Es por eso que la Escritura es tan abundante en versículos como estos:  
  • Juan 6:44   Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere;
  • Juan 6:65  por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.
  • Juan 10:26  vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas,
  • Juan 15:16  No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros,
  • Romanos 9:15-16  Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.  Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.
  • Hechos 13:48  y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.
  • Romanos 10:20  Fui hallado de los que no me buscaban; Me manifesté a los que no preguntaban por mí.

El Poder y el Engaño del Pecado

"El pecado te llevará más lejos de donde
pensabas llegar, te cobrará más caro
de lo que pensabas pagar y te retendrá
más tiempo del que te pensabas quedar."

¿Quién puede detener al pecador en su pecado? ¿Puede el padre detener al muchacho extraviado en la insolencia y rebelión? ¿Se detiene el adúltero en su pasión por la mujer ajena? ¿Se refrena el vicioso con consejo y reflexión? Tiene compasión el terrorista de sus víctimas? ¿Puedes tú dejar de hacer lo malo para vivir en total obediencia a Dios?

Aunque seas decente eres pecador

“¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien estando habituados a hacer mal?” (Jer. 13.23). Quizá tú digas, yo no soy rebelde, adúltero ni vicioso; no soy terrorista ni vivo en la maldad, trato de ser bueno y de buscar a Dios. Pero atiende a esto:  Tú puedes vivir modesta, prudente, conservadora y decentemente, puedes cuidar tus palabras y tu reputación; sin embargo, tus pensamientos son atrevidos y haces con tu mente lo que no haces con tus hechos.  Pero Dios ve muy claramente esta dimensión contemplativa e invisible del pecado.  Por eso, aunque delante de los hombres tú luces inocente, delante de los ojos de Dios eres culpable de esos pecados privados de tu corazón

Los seres humanos pecamos por naturaleza

Spurgeon lo dice así: “¡Oh, las profundidades del pecado! ¡El pecado es una cosa incomprensible! No hay agua tan profunda en la que los peces no puedan nadar; no hay cieno tan asqueroso en el que los marranos no se quieran revolcar, y no hay pecado tan despreciable que los hombres no dejen de cometer.

Juan Carlos Ryle agrega: “El hombre ciego no puede ver la diferencia entre una obra maestra de Rafael y una escultura de barrio. El sordo no puede distinguir entre el sonido de una flauta barata y un órgano de catedral. Los animales cuyo olor es el más ofensivo para nosotros no tienen idea de cuánto nos ofenden con su olor, ni tampoco se ofenden cuando se encuentran entre ellos. Así, un hombre en su pecado no puede tener una idea justa de cuán vil es su pecado ante la presencia de Dios.”


El pecado trae miseria porque afrenta la justicia y santidad divinas

El pecado ofrece placeres, y el pecador desea eso, por eso se deleita en impurezas, chismes, vicios, pereza, ambición, codicia y toda clase de iniquidad. Los impíos resuelven sus problemas pecando; ellos mienten, engañan y explotan a su prójimo. Muchos alcanzan prosperidad, bienestar y grandes deleites por medio del pecado. Pero con todas las ventajas carnales que el pecado brinda, su paga verdadera es muerte, dolor, vergüenza, y al final, al llegar a la presencia de Dios, será miseria y condenación eterna. Y ¿por qué? porque el pecado no es otra cosa que un insulto contra la santidad de Dios

El pastor puritano Thomas Watson nos explica: El pecado es una transacción tan mala que quien se mete a ello va seguro a la bancarrota. ¿Qué consiguió Acán por su bloque de oro? Ese oro fue el que cortó su alma de la presencia de Dios. ¿Qué logró Judas con su traición? Le sirvió para conseguirse una soga en la cual morir. ¿Qué logró el rey Acaz al adorar a los dioses de Damasco? Fueron su ruina y la de todo Israel (2 Cron. 28.23). El pecado al principio se presenta cómico y divertido, pero luego se vuelve trágico. Podríamos aplicar adecuadamente al pecado las palabras de Salomón, “a muchos ha hecho caer heridos” (Prov. 7.26).


Sólo la gracia de Dios te puede librar del pecado

El pecado es tan perverso y engañoso, y la naturaleza humana tan impotente, que aun los cristianos, amando a Dios y deseando vivir en obediencia, pecan. Por supuesto ellos pecan de manera diferente a los inconversos que no conocen la gracia y el perdón del Salvador. Cuando un hijo de Dios peca sufre un gran dolor espiritual porque desearía nunca haberlo hecho. Un cristiano verdadero no busca el pecado y cuando cae en él es por su negligencia en el uso de los medios de gracia que Dios le provee, pues ese descuido lo hace presa de su vieja naturaleza carnal que es seducida por el pecado. Sin embargo, pecar no es su estilo de vida, y cuando peca sabe arrepentirse humillado, sincero y anhelante de restaurar su comunión con Dios. El hijo de Dios se siente profundamente avergonzado ante Dios por su pecado y depende sólo de su gracia para vivir, pues en su anhelo de hacer la voluntad de Dios, no tiene otra alternativa más que aferrarse a la cruz de su Salvador Jesús.

El clamor sincero de un alma verdaderamente arrepentida es: “Ten piedad de mí oh Dios conforme a tu misericordia, conforme a la multitud de tus piedades, borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado, porque yo reconozco mis rebeliones y mi pecado está siempre delante de mí.  Contra ti, contra ti sólo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos… (Sal 51.1-4)


¿Estás tú aferrado a la cruz donde murió el inocente Hijo de Dios por el pecado? No hay nada ni nadie que te pueda librar de la monstruosa perversidad del pecado sino el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

¿Que Harías en el Cielo sin Santidad?

Traducido de un mensaje de Juan Carlos Ryle 
 
Supongamos que pudieras ir al cielo sin santidad.  ¿Que harías? ¿Estarías alegre allí?  ¿Con cuál de los santos querrías conversar, y de qué?  Sus placeres, sus gustos y su carácter no tendrían nada en común con los tuyos.  ¿Cómo podrías ser feliz con ellos en el cielo si en la tierra tú aborreciste la santidad? 

Quizás aquí tú disfrutas la compañía de gente rebelde, vana, mundana, amante del placer y profana, pero ninguno de ellos estará en el cielo.  Quizás tú evitas a los santos de Dios porque te parecen muy estrictos y serios, pero ellos son los que habitarán el cielo.  Talvez para ti orar, leer la Biblia y adorar a Dios son cosas pesadas, aburridas y tontas que a veces toleras, pero sin ningún placer. Quizás consideres que ir a la iglesia el domingo es una obligación pesada, y no entiendes cómo alguien puede desperdiciar su tiempo metido allí todo el día.  Pero no olvides que en el cielo todo es adoración.  Allí nunca cesan la adoración y los cantos de alabanza al Cordero diciendo “Santo, Santo, Santo Señor Todopoderoso.”  ¿Cómo podría un hombre impío encontrar placer en una vida como ésta? 

¿Crees que un pecador se deleitaría en vivir con David, Pablo y Juan después de vivir aquí haciendo las cosas contra las cuales ellos hablaron?  ¿Qué tendría en común con ellos?  ¿Podría alegrarse al ver cara a cara a Jesús el crucificado después de deleitarse en los pecados por los cuales Él murió, de ser amigo de sus enemigos y burlador de sus amigos?  ¿Se sentiría cómodo adorando con los que cantan: “Este es nuestro Dios en el cual hemos esperado, nos gozaremos y alegraremos en su salvación” (Isaías 25:9)?  ¿No se le pegaría la lengua al paladar de la vergüenza y querría que lo sacaran inmediatamente de allí?  ¿No se sentiría extraño, como una oveja negra en el santo rebaño de Cristo?

Espero que te des cuenta que el cielo sería miserable para un hombre sin santidad; y tiene que ser así. Cuando un pecador dice que quiere ir al cielo, no sabe lo que dice.  Para ir al cielo es necesario vivir en la tierra con una mente que ama lo celestial, de otro modo es imposible. 

Ahora, déjame preguntarte, ¿Eres tú santo o no?  No te pregunto si vas a la iglesia, te has bautizado, tomas la Santa Cena o profesas ser cristiano.  No pregunto si apruebas la santidad, si te gusta leer la vida de los santos, hablar cosas santas, leer libros de santidad o si deseas ser santo o esperas ser santo.  Te pregunto: ¿Eres tú santo o no?  

¿Sabes por qué soy tan directo e insistente?  Porque la Escritura dice: “Sin santidad nadie verá al Señor” (Heb. 12:14).  Cuando leo esas palabras tan penetrantes y escudriñadoras, pienso en las multitudes que viven en la iniquidad y en los que son cristianos sólo de nombre.  Cada vez que leo la Biblia, oigo al Espíritu diciendo: “Sin santidad nadie verá al Señor.”  Ante este texto debemos pensar en nuestros caminos, escudriñar nuestros corazones y orar a Dios.  Y si me dices que tú sientes y piensas en estas cosas, yo respondo, “Eso no basta. También las almas en el infierno sienten y piensan en esto.”  Lo que importa no es lo que piensas y sientes, sino cómo vives.  Si me dices que la santidad es sólo para gente especial, yo te respondo, “Eso no es lo que dice la Escritura.”  Yo leo que los que esperan en Cristo se purifican a sí mismos (1 Juan 3:3) y que “sin santidad nadie verá al Señor.” 

Tú puedes decir que es imposible ser santo en este mundo, mas yo te digo que sí se puede, pues con Cristo todo es posible.  Muchos como David, José, Daniel y los cristianos de la casa de César prueban que sí se puede ser santo en el mundo. 

Si me dices, “un santo tiene que ser diferente,” yo te respondo, “estoy de acuerdo. Los verdaderos siervos de Cristo son diferentes al mundo que los rodea.  Ellos son un pueblo escogido y peculiar, y tú debes serlo si en verdad eres salvo.”  Tú puedes decir: “sí es así, muy pocos serán salvos,” y yo te respondo, “lo sé.”  Eso es lo que dijo el Señor, ‘estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan’. (Mat. 7:14)”

Pocos serán salvos porque son pocos los que buscan serlo, pues no quieren dejar el pecado ni sus propios caminos.  ¿Tú dices que esto es duro de oír?  Yo te respondo, “lo sé.”  Nuestro Señor dijo que si alguien quiere ser su discípulo tiene que tomar su cruz cada día y estar dispuesto aun a cortar su mano, si es necesario, para evitar vivir en el pecado.  En la religión como en las otras cosas, si no hay pena, no hay gloria.  Lo que no cuesta nada, no vale nada.

¿Creerías si Dios Enviara un Ángel del Cielo a Predicarte?

Si Dios enviara un ángel del cielo para persuadirte a que dejes la vida de pecado y te conviertas, ¿lo escucharías y obedecerías o no?  Y si en tu pecado y tu descuido espiritual este ángel se te apareciera y te dijera que Dios aborrece tu iniquidad, que su ira está sobre tu cabeza y que su juicio te alcanzará si no te arrepientes; y si además te rogara que te des cuenta de tu necedad y te vuelvas a Dios de corazón ¿qué le responderías? 

¿Le dirías en su cara que no te vas a convertir, que prefieres disfrutar el mundo y arriesgar tu alma antes de vivir una vida tan estricta?  Seguro que no lo harías.  ¿No le dirías que te arrepientes y que abandonarás tu pecado sin tardar? 

Pero, ¿qué pasaría si después de decirle al ángel estas cosas se te olvida y no haces lo que dices? ¿No sería eso prueba de que eres un hipócrita?  ¿Y no sería motivo para que recibas doble condenación? 

Sin duda que una aparición angélica te espantaría y sacudiría tu confianza.  Al mundano rey Artajerjes de Persia le temblaron las rodillas, le cambió el semblante y se le turbaron los pensamientos cuando se le apareció una mano escribiendo sobre la pared acerca de el juicio de Dios en contra de él (Dan. 6).  Los guardias de la tumba de Cristo temblaron y cayeron como muertos cuando el Señor resucitó (Mat. 28.4).  ¡Y cuánto le afectó a Cornelio la aparición de un ángel que le dijo que llamara a Pedro para que le predicara! (Hech. 10).  ¡Y qué conmoción sintió el carcelero de Filipos cuando la tierra tembló en medio de las alabanzas de Pablo y Silas! (Hech. 16).

Pero dime, ¿qué pasaría si un ángel del cielo viniera y te repitiera  lo que dice Mateo 18.3: “En verdad, en verdad te digo que si no te conviertes y te haces como un niño, no podrás entrar en el reino de los cielos”?   ¿Te someterías o no?   Si no lo hicieses, tendrías a ese ángel como testigo en contra tuya.  Pero si lo hicieses, déjame preguntarte algo más, ¿no debería causarte el mismo efecto, o un efecto mayor, la palabra escrita de Dios, los mensajeros que la predican enviados por Dios, y las misericordias y juicios que la confirman? 

En la Biblia tú tienes la amonestación y las declaraciones autoritativas de Dios mismo, ¿y no te vas a someter a esa autoridad?  Los ángeles son solamente siervos de Cristo, espíritus ministradores para el bien de los elegidos, ¿vas a escucharlos y someterte a ellos, y no lo harás con los mensajeros humanos que envía el Dios que los gobierna?   ¿Me vas a decir que sólo oirías a un mensajero extraordinario pero que a los que Dios designa ordinariamente los desechas?  Si el llamado a la conversión es una doctrina digna de ser recibida a través de un ángel, dime, ¿por qué no habría de ser recibida a través de la Biblia y de los ministros que la predican?